Informacion economica sobre Cuba

El extravagante mercado inmobiliario cubano
Desde 2011, cuando la autocracia verde olivo de Raúl Castro autorizó la
compra y venta de casas, el mercado inmobiliario se ha movido de manera
irregular, pero siempre al alza.
Iván García Quintero
febrero 05, 2016

En la avenida Acosta, entre Heredia y Calzada de 10 de Octubre, La
Víbora, barrio al sur de La Habana, en 200 metros se concentran cinco
cafeterías, tres pizzerías, tres paladares, dos heladerías y una dulcería.

Todo ese complejo gastronómico es privado. Una de las pizzerías es una
cooperativa gastronómica: un ruinoso bar que arrendaron al Estado y lo
transformaron en un establecimiento de calibre.

Dos viejas casas fueron vendidas a emprendedores privados, y después de
remodeladas, las convirtieron en restaurantes. Según una de las
expropietarias, por $45.000 traspasó su vivienda.

“Con una parte del dinero, mi hija se fue para Ecuador. Con el resto, me
compré un apartamento de dos cuartos en Vieja Linda, en el reparto Los
Pinos –perteneciente al municipio habanero de Arroyo Naranjo– y todavía
me quedó una tierrita (dinero) pa’ir tirando”, cuenta.

Carlos, dueño de la pizzería ubicada en Acosta y Heredia, compró una
casa contigua a su negocio y armó una taberna de corte victoriano que
abrirá próximamente.

La buena noticia para el conglomerado de negocios gastronómicos es que
todos tienen ganancias que fluctúan en entre los $25 a $120 diarios.
Incluso más los fines de semana.

La mala, es que el precio de venta de una casa, no importa el estado
constructivo, se ha disparado notablemente.

“Antes del boom de los negocios particulares, una residencia por esta
zona de la Víbora costaba entre $8.000 y $20.000. Ahora su precio
se ha duplicado, y las casas anteriores a 1959 que se conservan en buen
estado, pueden costar hasta $100.000″, detalla Calixto, quien se dedica
a la compra y venta de casas.

Pudiera pensarse que el alto costo inmobiliario es distintivo de esas
dos cuadras donde, sin mediar ningún estudio de mercado, los negocios
privados marchan viento en popa.

Pero no. A tres kilómetros de “el dorado gastronómico”, Jorge, 56 años,
remoza su apartamento, ubicado en el pasillo interior de una vivienda
que estuvo ocupada por familias de bajos ingresos.

El plan de Jorge es sencillo: “Vender el apartamento de dos cuartos en
$13.000 y poder marcharme del país. Ya mis dos hijas y mi esposa se
fueron. Sólo falto yo”.

Desde el otoño de 2011, cuando la autocracia verde olivo de Raúl Castro
autorizó la compra y venta de casas, el mercado inmobiliario se ha
movido de manera irregular, pero siempre al alza.

Un funcionario que prefiere el anonimato aclara:

“Antes de esa fecha, las compras o ventas de viviendas eran ilegales. Se
camuflaban con permutas y traspasos por herencias. Así, por debajo de la
mesa se vendían miles de casas. Entonces, el precio de un apartamento de
tres habitaciones, planta capitalista moderna, no superaba los
$20.000, a no ser que estuviera situado en El Vedado o Miramar. Era raro
que una mansión llegara a costar $100.000″.

Y añade que “en 2012 las ventas fueron pocas, menos de 12.000 en todo el
país”. Luego crecieron, al igual que los precios.

“Existen tres tipos de compradores: extranjeros casados con nacionales,
cubanos que residen en el exterior y cuentapropistas boyantes que se han
comprado casas para convertir en nuevos negocios o residir en ellas”.

Según el burócrata, los precios exorbitantes dependen de la zona y el
estado constructivo.

“Una casa en el reparto Cubanacán puede costar más de un millón de
dólares. Y una casa en Mantilla no más de $20.000. Yo creo que los
precios en Cuba están acordes a los de otros países. Un piso en Europa o
Estados Unidos vale $200.000 y una casa sin grandes pretensiones no baja
de 300.000 euros”.

Noris, arquitecta, cree que el mercado inmobiliario cubano anda desquiciado:

“En ningún lugar del mundo se venden casas con 60 o más años de
explotación y pagando al contado. Los bancos te otorgan créditos. Y
cuando usted compra una casa, puede venir hasta con los muebles. En
Cuba, después de adquirir una vivienda, debes gastar varios
miles para repararla y adaptarla a tu gusto”.

A pesar de los días lluviosos y el aire frío procedente del Malecón, el
mercado informal de compra y venta de casas ubicado en el Paseo del
Prado, Habana Vieja, siempre está concurrido. Aquí los “corredores” no
tienen oficinas ni visten trajes de $500.

Sentados en bancos de mármol, escoltados por leones de bronce,
intercambian información con presuntos clientes sobre las viviendas en
venta. Anisia y su esposo escuchan atentamente a un señor canoso con voz
de barítono que les ofrece una variedad de casas y precios.

“Nosotros queremos comprar un apartamento en El Vedado o Miramar. Pero
los precios no bajan de $70.000. Tendremos que seguir reuniendo”,
apunta el matrimonio.

En internet se localizan decenas de sitios dedicados a la venta de casas.

Quizás el más reputado sea Cuba Home Direct, creada por Milly Díaz, una
cubana que aprendió el oficio de agente inmobiliario en Gran Bretaña.

Las casas edificadas antes del 59 cuestan el doble que una construida
por la revolución de Fidel Castro. Dagoberto, corredor de permutas, asegura:

“El 90% de las viviendas construidas después de 1959 son de pésima
calidad. No sólo por sus defectos constructivos, también porque son
barrios donde no existe una infraestructura pública idónea”.

La construcción de viviendas en Cuba es una asignatura pendiente del
régimen.

Hay un déficit de 1.200.000 casas en la isla.

En 2015 se construyeron 17.000 viviendas por esfuerzos propios. La
mayoría de estas construcciones son financiadas por parientes en el
extranjero, personas que trabajaron un tiempo fuera de Cuba o dueños de
emprendimientos privados exitosos.

Adelfa lleva siete años intentando terminar su casa. Vive junto a su
esposo y tres hijos en una casa con piso de cemento, paredes sin
repellar y ventanas de hierro donde los cartones sustituyen a los cristales.

“Ya he gastado 8.000 pesos convertibles (alrededor de 9.500 dólares) y
todavía me falta la mitad. Estamos parados por falta de dinero”, expresa.

En las tiendas por moneda dura, los materiales de construcción están
gravados en un 300%. A pesar de los altos precios de venta, se potencia
en La Habana un nicho de mercado que se dedica a comprar casas para
instalar negocios, como sucede en el barrio de la Víbora.

Jorge considera que es más lucrativo vender la casa y marcharse del
país. “Mientras más lejos, mejor”.

Source: El extravagante mercado inmobiliario cubano –
www.martinoticias.com/content/extravagante-mercado-inmobiliario-cubano/114726.html


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