Informacion economica sobre Cuba

Congreso comunista de transición termina en gran frenazo de la
autocracia cubana
abril 20, 2016
Iván García Quintero

“Allá los que creyeron que de esa asamblea saldría algo positivo. Yo no
espero nada de estos viejos…”
Ya no es aquel tipo corpulento de uniforme verde olivo y pistola rusa en
la cartuchera, que improvisaba discursos en cualquier plaza pública de
la isla o en un estudio de televisión hablaba durante horas hasta quedar
afónico.

Esta rancia versión de un Fidel Castro encorvado, peinado hacia atrás
igual que un anciano de asilo después del baño, con su chándal azul de
Adidas y con voz quebrada leyendo una diatriba breve, decididamente fue
anulada por la kryptonita.

Pero aún mete miedo a sus secuaces. O a los amanuenses. Como la editora
de Cubadebate, Rosa Miriam Elizalde, quien en una crónica estilo
norcoreano, contaba que los delegados “vestidos la mayoría con la
humildad de los que se ajustan a su salario, le ha dedicado una ovación
de pie, entre lágrimas”.

Probablemente sea su último discurso público. Tal vez no. Fidel Castro
es impredecible. Hace rato perdió a sus mejores amigos, como Nelson
Mandela o Gabriel García Márquez. Pero al viejo comandante la existencia
se le hace larga y se las ingenia para sobrevivir en la capital del
Macondo latinoamericano.

Según un miembro del partido comunista en el municipio Cerro, la
presencia de Fidel fue una sutil operación de marketing político para
aparentar unidad. “Ésa fue una de las claves del VII Congreso. Ante los
nuevos tiempos, con un enemigo imperialista que nos tiende la mano,
ellos apuestan por la unidad política para no ceder a los cantos de
sirena del discurso de Obama en La Habana que ha anestesiado a
muchísimos cubanos”.

A decir verdad, el cónclave quedó por debajo de las expectativas de
disidentes,emprendedores privados y hasta funcionarios de rango medio
que esperaban transformaciones de mayor calado.

Para el opositor Manuel Cuesta Morúa, “fue un congreso de espaldas al
pueblo. Intenta remendar el socialismo y se ralentizan las reformas
económicas. Queda claro que los cubanos tienen que tomar las riendas de
su destino. Cuba quedará como una rémora. Hay buenas y malas noticias
para la disidencia, que tendrá que afinar su trabajo en favor de la
democracia”.

Trabajadores por cuenta propia esperaban algo más de esta cita. Adrián,
dueño de una cafetería de comida criolla y batidos de frutas en el
municipio 10 de Octubre, considera que todavía no se le ha dado solución
al acceso del mercado mayorista a los particulares.

“Se habló de un nuevo marco jurídico, pero no se profundizó en el tema.
Tampoco nada se dijo sobre la autorización para importar insumos o poder
invertir en nuestro propio país. Fue una decepción. Otra más”.

Joel, administrador en un almacén de víveres y militante del partido, está

convencido de que Cuba necesita “una revolución económica, política y
social de verdad, no rodeos. Cada minuto que se pierde, es una persona
que se marcha de su patria, desilusionada por la gestión del gobierno.
Quizás el Estado ganó tiempo, pero perdió su última posibilidad de sumar
adeptos con un cambio democrático y profundo apostando por el socialismo
y el cooperativismo”.

Los más jóvenes no esperaban mucho. Dagoberto, vendedor ilegal de
tarjetas de internet en el parque del Mónaco, nunca pensó que del VII
Congreso saldrían leyes o normativas que beneficiaran a grandes sectores
de la sociedad.

“Men, esta gente (el régimen) son un clan. Ellos se ganaron el poder a
tiros, y si no esa tiros no van ceder. Allá los que creyeron que de esa
asamblea saldría algo positivo. Yo no espero nada de estos viejos. Como
muchos cubanos, lo mío es meter el cuerpo y ver de qué manera me voy
tumbando (emigrar)”.

Del 16 al 19 de abril, mil delegados y 250 invitados, se reunieron para
debatir, en cuatro comisiones, temas relacionados con la economía,
sostenibilidad, el modelo de país a que aspiran y la conceptualización
económica hasta el año 2030.

Con una jerga extraviada y un optimismo a prueba de bombas atómicas,
delegados y dirigentes, por unanimidad, aprobaron varias propuestas
previamente cocinadas desde el ejecutivo, entre ellas, la reducción a 60
años para integrar el Comité Central.

Ya en el recién electo Comité Central, el promedio de edad se redujo a
54 años; el 44% son mujeres y se dio una mano de pintura para elevar el
número de mulatos y negros. De los 17 miembros del Buró Político, cinco
son rostros nuevos.

Por ley de la vida, el VII Congreso debe ser el último de la generación
de viejos guerrilleros que acompañaron a Fidel Castro a tomar el poder a
punta de carabina. Fue un evento de transición con una autocracia
tirando del freno de mano.

La cobertura fue pésima. La información se brindaba por goteros. Solo
acreditaron a unos pocos periodistas oficiales. Las sesiones se
difundieron en fragmentos editados y las conclusiones se transmitieron
diferidas. La prensa extranjera y los periodistas independientes
necesitaron escudriñar cada noticia y escuchar durante horas noticieros
de radio.

Después que Castro I leyera su arenga con voz entrecortada, su hermano
tomó el micrófono y dijo unas palabras. Al final, como siempre, los
delegados se pusieron de pie, unieron sus manos y entonaron la
Internacional.

A veinte kilómetros del Palacio de Convenciones, sede del congreso, la
familia de Adrián esperaba impaciente la terminación de los discursos,
para sentarse frente al televisor y ver la novela brasileña. Para ellos,
y millones de cubanos, la vida sigue igual.

Source: Congreso comunista de transición termina en gran frenazo de la
autocracia cubana –
www.martinoticias.com/a/aparecio-fidel-congreso-comunista-transicion/120224.html


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