Informacion economica sobre Cuba

¿Cuál es el plan del VII Congreso del PCC?
JUAN ANTONIO BLANCO | Miami | 12 Abr 2016 – 5:03 am.

El próximo 16 de abril —aniversario del día en que oficialmente la
revolución cubana fue declarada socialista— comenzará el VII Congreso
del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Estos eventos no deciden nada, solo apoyan los acuerdos ya cocinados por
apenas un centenar de personas. La puesta en escena da visos de
legitimidad a la voluntad incontestable de la elite de poder.

Las opiniones de 700.000 militantes, y las de más de 11 millones de
ciudadanos, no cuentan en la práctica. Pero siempre se ha pretendido que
su voluntad se ausculta, cuando se someten a discusión algunos de los
documentos que luego pasan a ser considerados por los delegados al
evento. Esta vez, ese no ha sido el caso.

Un gran secretismo ha rodeado los preparativos de esta nueva función del
teatro socialista cubano. Solo sabemos que de los más de 300
“lineamientos” adoptados por el congreso anterior, se ha cumplido el 21%
de ellos. Nada se ha dicho ahora sobre el plan del próximo quinquenio ni
acerca del supuesto nuevo modelo de “socialismo sustentable” que dicen
haber elaborado. Algo huele mal en La Habana y no es un queso danés.

Pasemos revista a algunos dilemas que enfrenta la elite de poder cubana:

1. La inevitabilidad de enfrentar una crisis financiera a corto plazo.
El modelo de negocios de esa corporación privada que en abril 16 de 1961
fue públicamente registrada como “Revolución Socialista” —basado en la
dependencia financiera y comercial de algún mecenas externo— está
abocado a una crisis. Caiga o no el régimen chavista, la economía de
Venezuela está en ruinas.

2. La quiebra generacional del pacto renuente e implícito entre el poder
y la población. A cambio de resignarse a carecer de derechos políticos,
civiles y económicos, el Estado se encargaba de proporcionar un sistema
de empleo, salud y educación universales. Pero sin tarjeta de crédito
soviética o venezolana no puede sostenerse ese arreglo. La gente no
cuenta ya al desvencijado sistema de educación y salud entre los “logros
alcanzados”, y el empleo estatal está sometido a creciente
racionalización. Viven tres generaciones en las mismas casas
destartaladas, con problemas de agua, alcantarillado, transporte,
salarios miserables y pensiones paupérrimas, deficiente alimentación y
un largo etcétera. Los viejos se sienten defraudados y los jóvenes no se
dejan seducir por las mismas ilusiones que compraron sus padres y
abuelos. No sueñan con “construir el socialismo”, sino con una balsa
para escapar de la Isla.

3. La necesidad de sustituir el actual régimen de gobernabilidad por
otro que resulte económicamente eficiente. Es evidente que los Castro no
optarían por un mercado libre y un sistema político democrático. Si se
deciden a mover ficha tendrían que elegir de un menú de capitalismos
autoritarios de diverso tipo, como los de Rusia, China, Vietnam o Singapur.

4. El inicio de una nueva etapa histórica. La trayectoria de la Cuba
poscolonial se divide hoy en dos historias de media duración casi
idénticas. La primera Cuba nació en 1902 y su muerte oficial fue
decretada precisamente aquel 16 de abril de 1961. Estuvo basada en un
sistema de democracia liberal y mercado. Alcanzó niveles de modernidad,
desarrollo social y crecimiento económico muy superiores a los del resto
de la región e incluso al de algunos países europeos.

La segunda Cuba supuso la desaparición del mercado, la implantación de
un Estado totalitario extensivo e intrusivo, y la sustitución de la
exitosa clase empresarial criolla por una enorme e incompetente
burocracia al servicio de una elite omnipotente. En esa Cuba el disfrute
de privilegios lo decide el cargo, no la propiedad. Semejante sistema no
podía ser sostenible sin una inyección continua de créditos
internacionales que compensaran su ineficiencia y que nadie pensaba pagar.

El tema omnipresente del VII Congreso del PCC —sea en forma abierta o
subliminal— es cómo va a organizarse la ya inevitable tercera Cuba, y
cuál es el plan para controlar esa transformación sin perder las riendas
del poder. La opción más probable sería la del capitalismo de Estado
autoritario. Ese camino pueden conjugarlo con la presión por levantar
el embargo. Si se deciden a ello, pudieran hacer cuatro cosas: a) una
gigantesca “piñata” con las empresas estatales disfrazándolas de
cooperativas privadas para exceptuarlas de las sanciones del embargo; b)
pasar el cargo ornamental de jefe de Estado a alguien que no lleve el
apellido Castro (como fue antes el caso con Osvaldo Dorticós) para
cumplir formalmente con esa cláusula de la Ley Helms-Burton c) hacer
modificaciones secundarias al sistema electoral del irrelevante Poder
Popular para proclamar que han democratizado el sistema político; y d)
remplazar la inepta burocracia por una tecnocracia obediente, que sea
además eficiente, para poder administrar una economía con mercado.

En resumen: Después de diez años de haber sustituido a su hermano, a
Raúl Castro se le ha agotado el juego de hacer reformas que no cambien
la esencia del sistema. La técnica de aparentar que se avanza, cuando a
veces incluso se retrocede —como el moon walking de Michael Jackson— ya
no le funciona. No la compra el ciudadano de a pie, y tampoco los
empresarios que, ilusionados, visitan la Isla para luego retirarse sin
invertir un centavo al constatar de cerca la realidad cubana.

También se ha agotado el mito de que “el pobre Raúl” no puede hacer lo
que quisiera, porque un ala conservadora dirigida por su hermano lo
controla o depondría. En el trascurso de una década los raulistas han
completado el desplazamiento de los fidelistas en todas las palancas del
poder y de la propia elite. Hoy Raúl no hace lo que, simplemente, no
quiere hacer.

La gran transformación que sí ha ocurrido en Cuba —clave además— es la
de la subjetividad nacional. Muchos de los hombres y mujeres que se
vistieron de milicianos aquella mañana de 16 de abril de 1961 viven hoy
la frustración de su apoyo a aquella estafa, y a los más jóvenes no les
interesa escuchar supuestas glorias pasadas.

El comunismo cubano no ha perdido el poder político, pero hoy carece del
poder de vender ilusiones. Más allá de cualquier otra consideración, esa
es su principal vulnerabilidad. Si en 1961 se presentaba como vehículo
para el cambio y heraldo del porvenir, hoy es percibido como el
obstáculo para alcanzar la prosperidad con libertad. Ese es su desafío
central en este congreso.

Source: ¿Cuál es el plan del VII Congreso del PCC? | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1460406180_21599.html


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