Informacion economica sobre Cuba

El VII Congreso del PCC, ¿importante o intrascendente?
abril 11, 2016
Iván García Quintero

Los documentos a debatir se han discutido de manera secreta, sólo con
los mil delegados que estarán presentes en el Congreso, desatando las
críticas de un número importante de militantes de base.
En la noche del 25 de febrero de 1956, pese a las divergencias que
cohabitaban en el poderoso partido comunista de la otrora URSS, un
antiguo peón del sanguinario José Stalin, Nikita Jrushchov, leyó el
famoso “Discurso secreto” en el cual denunció a Stalin por haber violado
las normas acerca del liderazgo colectivo, la represión contra los
viejos bolcheviques, el culto a la personalidad desarrollado en torno a
su persona y la exageración de su rol en la II Guerra Mundial, entre
otras denuncias.

Desde luego, la Rusia soviética siguió orientada por la doctrina
comunista otros 33 años. Pero al final de una era, por lo general, los
subalternos suelen devorar a sus padres políticos.

En 1986, durante el VI Congreso del Partido Comunista en Vietnam, se
abandonó formalmente el modelo económico marxista y se comenzó a
introducir elementos del mercado como parte de un amplio paquete de
reformas económicas llamadas Doi Moi.

Aún estaba fresca la sangre, después de 30 años casi ininterrumpidos de
guerra, primero contra Francia y luego con Estados Unidos. A pesar de
morir un cuarto de millón de vietnamitas y 50.000 soldados
estadounidenses en la jungla asiática, el Partido Comunista de Vietnam
estableció relaciones con su antiguo enemigo y el Congreso de Estados
Unidos aprobó una ley de nación más favorecida, proporcionando créditos,
inversiones y tecnologías.

En 1977, el XI Congreso Nacional del Partido Comunista de China, tras la
muerte de Mao, condenaba los acontecimientos de la Revolución Cultural,
atribuyendo a la Banda de los Cuatro toda la responsabilidad de los
errores cometidos.

La ruptura con los años precedentes se confirmaría con mayor claridad un
año después, en diciembre de 1978, cuando se celebró la III Sesión
Plenaria del XI Congreso Nacional. Esa reunión confirmó la irrupción de
Deng Xiaoping como nuevo hombre fuerte del Partido y de manera explícita
se condenó la Revolución Cultural, que fue calificada de “catástrofe” y
se reiteraron las manifestaciones de condena contra Lin Biao y la Banda
de los Cuatro.

La nueva línea oficial del Partido chino aseguraba que Mao había
cometido errores, pero atribuía la responsabilidad principal de los
mismos a sus seguidores, respetando su figura como gran líder
revolucionario.

Con estos antecedentes en naciones que fueron comunistas, o todavía
siguen predicando la ideología marxista, se puede determinar un
protocolo habitual en etapas de cambios generacionales o forzados por la
miseria y atraso económicos y tecnológicos.

Algunos analistas políticos, en sus pronósticos acerca de la nueva Cuba
tras la muerte de Fidel Castro y el fin del mandato de su hermano Raúl,
suelen hacer cálculos tomando de ejemplos dictaduras occidentales
capitalistas como la de Pinochet, Franco en España o Videla en Argentina.

En mi opinión, el análisis es erróneo. La Cuba de los Castro es una
combinación exótica de leyes marxistas, nacionalismo barato, sincretismo
religioso controlado por el régimen y trozos de islotes de economía de
mercado con empresas estatales, casi todas bajo la égida militar.

Su forma de gobierno combina estrategias dinásticas, nepotismo,
parlamento amaestrado, tribunales subordinados y un potente control
social ejecutado por la omnipresente policía política.

Tiene más dosis de pandillerismo mafioso, basado en la lealtad y el
silencio de sus miembros, que en ordenamientos o estructuras de los
viejos partidos comunistas en la Europa del este o China.

Dicho esto, flota una interrogante. ¿Qué se puede esperar en Cuba del
próximo VII Congreso del Partido Comunista? Es evidente que Raúl Castro
intenta reconducir la manera de gobernar. Del caudillismo personal y
delirante de Fidel Castro, administrando el país a golpe de voluntarismo
y campañas, a una tecnocracia partidista donde el partido sea el amo y
rector de la nación.

La estrategia de Castro II es aplicar un programa de gobierno donde el
líder no sea un hombre sino el partido, en el caso de Cuba secuestrado
por una junta militar que controla el 75% de la economía insular.

Los cubanos de a pie no esperan grandes cosas del VII Congreso. Nadie en
la calle apuesta por un decreto que eleve los míseros salarios, un plan
maestro para construir viviendas o un proyecto coherente para mejorar la
calidad de vida.

Los rumores de la calle cubana

Rumores sobran. Se dice que el evento podría promulgar un nuevo marco
jurídico para que los emprendedores privados cubanos puedan invertir en
su propio país con empresas extranjeras.

Se habla de que abriría la talanquera al capital de los cubanos en la
diáspora. Se piensa que se aprobaría una nueva ley electoral que
permitiría espacios a una oposición leal y moderada.

También se comenta la puesta en vigor de una nueva ley de medios con
mayor autonomía y más flexible para la acreditación de la prensa extranjera.

Pero todo son especulaciones. Algunas con su dosis de morbo. Como la
posibilidad de que Fidel Castro haga acto de presencia en la
inauguración o la clausura, teniendo en cuenta que la cita partidista
coincidirá con el 55 aniversario de la victoria en Playa Girón o la
derrota en Bahía de Cochinos, según el lado desde el cual se rememoren
aquellos días de abril de 1961.

La realidad es que los documentos a debatir se han discutido de manera
secreta, sólo con los mil delegados que estarán presentes en el
Congreso, desatando las críticas de un número importante de militantes
de base.

Las recientes apariciones de Castro I, primero con su impopular
reflexión titulada “El hermano Obama” y después hablando en una escuela
primaria, son un cortafuegos para los que apoyan las reformas dentro del
partido.

De cualquier forma, el VII Congreso será la última asamblea donde se
elija a un presidente de apellido Castro. Para 2018, Raúl piensa
jubilarse y se iniciará una sucesión política.

Hay quienes apuestan por un neocastrismo con vetas liberales, pero
manteniendo el control social. Pero habrá que esperar, en cuestiones de
vaticinios, las naciones comunistas son impredecibles.

El VII Congreso pudiera ser importante o intrascendente. Como los que le
han antecedido.

Source: El VII Congreso del PCC, ¿importante o intrascendente? –
www.martinoticias.com/a/pcc-congreso-importante-intrascendente/119233.html


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