Informacion economica sobre Cuba

La tómbola del fracaso
JOSÉ HUGO FERNÁNDEZ | Miami | 16 Abr 2016 – 5:41 am.

Resulta asombroso que, a estas alturas, el VII Congreso del PCC y sus
trasnochados lineamientos hayan podido generar expectativa mediática.
Hace unos cuantos años se justificaba en parte, debido a la realización
de aquellas asambleas populares, supuestamente para discutir los
lineamientos y para viabilizar las inquietudes más apremiantes de la
población. Se sabía desde entonces que tales asambleas no eran sino otra
engañifa del régimen para ganar tiempo. Pero al menos sirvieron para dar
contenido a los reportes de la prensa extranjera, a la vez que brindaban
a los cubanos una nueva ocasión para el choteo y el humor negro. Pero
ahora ni eso. Tan poco ha llegado a interesar el asunto a nuestra gente,
que ya ni siquiera le da motivos para la jodedera.

Por más que nuestros caciques finjan no haber reparado en el detalle, y
por más que la prensa oficial cumpla el rol de hacerse la sueca, resulta
notable el cambio de actitud que se manifiesta entre la población de la
Isla luego de transcurridos muy pocos años. Hay quien dice que esto
sucede porque la materialización de los llamados Lineamientos de la
Política Social y Económica del Partido fue aplazada durante demasiado
tiempo, así que ahora llegaría tarde. En cualquier caso, ni siquiera es
lo peor.

Demorados o no, el problema básico de esos lineamientos está en los
lineamientos mismos. Y en quienes los excretaron, cuya actitud es como
la de aquellos que acaban de ganar unas elecciones presidenciales y se
han trazado metas para corregir paulatinamente los destrozos ocasionados
por algún gobierno anterior. A veces hasta da la impresión de que se
creen en serio el papel de remediadores de su propia ruina. A fuerza de
haber vivido tanto tiempo en la virtualidad, se diría que pasaron del
estado sólido al gaseoso. Y así han ido al VII Congreso, sin tocar el
suelo y sin sentir (o haciéndose los que no sienten) la abrumadora carga
de su inutilidad y de su obsolescencia.

De nada o de muy poco les vale la nula importancia que el pueblo
demuestra conceder a lo que están cocinando en este evento, como no
fuera que algún imposible milagro posibilitara la derogación del
artículo quinto de la Constitución de la República, según el cual: “El
Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia
organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la
sociedad y del Estado…”.

Suficientemente trágico para nuestra gente resulta haber tenido que
adentrarse en el siglo XXI, tiempo de conquistas tecnológicas,
científicas y sociales, con varias generaciones de sus hijos nacidas y
crecidas bajo la tutoría absoluta de un sistema de poder providencial,
que traza y controla desde los sueños hasta los más ínfimos movimientos
de cada individuo. Nuestra nación conforma un cuadro tan incongruente
dentro de la sociedad moderna, que no es posible hallarle predecesores
sino en aquellas monarquías europeas de la Edad Media, incapacitadas
para establecer distinciones entre sus vacas y la pobre gente que
poblaba sus feudos. La diferencia quizá radique en que a las pocas de
aquellas monarquías que aún quedan en el mundo se les ha impuesto la
coyunda de reinar sin gobernar. En tanto, la nuestra no solo gobierna,
sino que no ha sabido hacerlo, pero no se pone cotos a la hora de
reinar. Y no hay un solo lineamiento que no persiga la defensa a
ultranza de ese estatus cavernícola.

No en balde ya ni siquiera la mayoría de los militantes del PCC parece
concederles crédito. De la misma manera que tampoco parecen esperar
mucho del evento en cuestión. En particular los militantes de base, que
están comiendo soga igual que el resto de la población y que no son sino
simples convidados de piedra en este VII Congreso.

Tampoco es que a la dictadura de los Castro le haga falta el PCC para
dominar en Cuba. Sin embargo, aunque no les sirve en lo más mínimo para
influir entre la población, continúa sirviéndole como embozo para
disfrazar su sistema de poder monárquico.

¿Acaso queda un solo politólogo o un solo analista con dos dedos de
frente que desconozca la histórica y raigal falta de influencia de ese
partido entre nuestra gente de pie? Y no solo hoy. Ni en sus mejores
tiempos. Mientras más extendido en cuanto al número de sus miembros,
menos efectivo e influyente fue. Mientras más promovido por la
propaganda como vanguardia de las masas, menos capaz de atraer por sus
virtudes o ejemplos. Lo que en Cuba deben los comunistas a los líderes
de la revolución, en materia de reconocimiento y asimilación (que no en
aclamación) populares, han debido pagarlo con una existencia ficticia en
tanto partido político, y a la vez como instrumento represivo al
servicio del poder, más antipático mientras más omnipresente. ¿Quedará
en el mundo alguien medianamente informado que ignore esa obviedad?

¿Habrá un solo analista ajeno a que, ya no en las actuales
circunstancias de bancarrota, sino desde siempre, las ideas, los planes,
los dogmas del PCC han representado lo más ortodoxo y retrógrado, lo
esquemático, lo rígido, lo intolerante, lo incontestable, lo sectario,
lo más obsoleto de nuestra historia contemporánea? ¿Alguien no se ha
enterado aún de que, como poder real, para la mayoría de los cubanos ese
partido no ha representado sino la inutilidad y el teque sin sustancia?

Y ya que es así, ¿tiene entonces el menor sentido abrigar expectativas
en torno a lo que pueda suceder en esta suerte de tómbola del fracaso
que es el VII Congreso del PCC?

Source: La tómbola del fracaso | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1460738987_21713.html


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