Informacion economica sobre Cuba

La vaca socialista y la chiva capitalista
Fidel Castro en 1985: “Dependemos muy poco del mundo occidental y no
dependemos para nada de Estados Unidos”
lunes, abril 25, 2016 | Roberto Jesús Quiñones Haces

GUANTÁNAMO, Cuba.- Este 25 de abril se cumplen 55 años de la imposición
del embargo total a las mercancías norteamericanas hacia Cuba y
viceversa. El mismo ha sido el tema más importante del difícil camino
para normalizar las relaciones diplomáticas entre ambos países, según el
gobierno cubano.

El embargo es la legalización de una guerra económica que comenzó con la
eliminación de la cuota azucarera cubana del mercado norteamericano y se
afianzó con la Orden Ejecutiva 3447 del 6 de febrero de 1963, firmada
por el presidente John F. Kennedy, totalitarismo y nacionalizaciones
castristas de por medio.

Aunque soy escéptico en cuanto a los resultados que pueda aportar la
nueva política norteamericana hacia Cuba debido al control que el
Partido Comunista cubano ejerce sobre nuestro país, estoy convencido de
que ha sido el pueblo el más perjudicado por la vieja concepción
política norteamericana, la cual sirvió para fortalecer al castrismo.

Un poco de historia

Cuando Anastas Mikoyán visitó La Habana y se firmaron los primeros
acuerdos económicos con el gigante euroasiático, Fidel Castro proclamó
eufóricamente que Cuba iba a ser una tacita de oro.

El 16 de abril de 1961 el comandante proclamó el carácter socialista de
la revolución. La URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) no
pasó por alto que Cuba se convertía en una plataforma afín con sus
intereses en las mismas narices del Tío Sam y de inmediato tendió su
“mano desinteresada” al castrismo. A partir de entonces el comercio
cubano dependió casi exclusivamente del socialismo europeo y comenzaron
los subsidios soviéticos, que sustentaron numerosos proyectos sociales,
económicos y militares. La presunta bonanza resultó un eufemismo; la
tacita de oro, otra frase más del comandante.

Por años Fidel Castro se mofó del embargo, exaltó la “ayuda
desinteresada” de la URSS y el campo socialista y desconoció la
importancia que EE.UU tuvo, desde su independencia, para nuestra
economía. Para corroborar lo que afirmo reproduzco sus declaraciones a
los norteamericanos Jeffrey Elliot y Mervin Dymally en marzo de 1985,
publicadas en Cuba por la Editora Política con el título “Nada podrá
detener la marcha de la historia”. Entonces el comandante declaró:

“En esencia dependemos muy poco del mundo occidental y no dependemos
para nada de las relaciones económicas con Estados Unidos. Me pregunto
cuántos países en el mundo pueden decir eso.”

Y ante la pregunta de Mervin Dymally sobre qué ocurriría si se abriera
el comercio con EE.UU. y qué efecto tendría sobre la economía cubana,
respondió: “Mire, yo pienso que EE.UU. tiene cada vez menos cosas que
ofrecer a Cuba”. Luego dijo: “Pero bien, hablando con franqueza —me
gusta la franqueza—: las relaciones con EE.UU., las relaciones
económicas, no implicarían para Cuba ningún beneficio fundamental,
ningún beneficio esencial. Si mañana se reanudan las relaciones
comerciales con EE.UU. y nosotros pudiéramos exportar a EE.UU. nuestros
productos, habría que ponerse a elaborar planes para nuevas producciones
que tuvieran el objetivo de exportarse en el futuro, porque todo lo que
nosotros producimos hoy y todo lo que vamos a producir en los próximos
cinco años está vendido ya a otros mercados. Habría que quitárselo a los
países socialistas para vendérselo a los EE.UU., y los países
socialistas nos pagan mucho mejores precios, y tienen mucho mejores
relaciones con nosotros que EE.UU.”. Y terminó diciendo: “En realidad,
¿qué vamos a hacer nosotros? Hay un dicho campesino que dice que no se
puede cambiar la vaca por la chiva”.

Apenas seis años después la vaca socialista se esfumó y su invisibilidad
puso en evidencia los pregonados éxitos del castrismo. Entonces los ojos
del comandante se dirigieron hacia la chiva capitalista.

El embargo y la normalización de las relaciones entre Cuba y EE.UU.

La crisis cubana de los años noventa perjudicó notoriamente al pueblo y
amenazó la perdurabilidad del régimen. El castrismo hizo del embargo el
centro de su ofensiva diplomática, logró introducir el tema en la
Asamblea General de la ONU (Organización de Naciones Unidas) y que la
abrumadora mayoría de los países miembros lo condenara.

A finales del siglo pasado se produjo la victoria electoral de Hugo
Rafael Chávez Frías. Venezuela pasó a ser uno de los socios comerciales
más importantes de Cuba y el nuevo suministrador de subsidios. Pero la
caída de los precios del petróleo y la creciente impopularidad del
chavismo convirtieron a Venezuela en un socio inseguro. Por eso el
régimen reclama al gobierno norteamericano el levantamiento del embargo
para que puedan normalizarse las relaciones.

A pesar de que tal decisión no corresponde al ejecutivo sino al
Congreso,el castrismo exige a Obama que haga más, minimizando sus
múltiples gestos y pronunciamientos y sin ofrecer nada a cambio, algo
que seguramente no es bien mirado por muchos políticos norteamericanos.
Eso en un contexto donde Obama ha recibido reiterados ataques con el
objetivo de aplacar la estela de simpatía que su viaje ha dejado en el
pueblo cubano.

Según el periódico Granma del pasado 22 de marzo, el señor Ben Rhodes,
Vice Asesor de Seguridad Nacional y asistente personal del presidente
Obama, aseguró en una entrevista ofrecida en La Habana durante la visita
del presidente a Cuba, que para garantizar la irreversibilidad de lo
logrado “ambos países tienen que dar pasos.”

La parte cubana pide al presidente que haga más, pero, ¿cuáles son los
pasos que el castrismo está dispuesto a dar? Esa pregunta parece ser la
que se hacen muchos congresistas.

Bruno Rodríguez Parrilla, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba
declaró recientemente a medios públicos de Ecuador que el fin del
“bloqueo” debe ser un acto unilateral de EE.UU. porque Cuba no es quien
bloquea a ese país. Tiene razón, el gobierno cubano no bloquea a EE.UU.
pero desde hace 57 años bloquea la soberanía del pueblo y el ejercicio
de elementales derechos civiles y políticos. Resulta incongruente que el
castrismo defienda la discusión civilizada de todos los problemas con su
más enconado enemigo y, sin embargo, se niegue a hacerlo con la
oposición pacífica cubana y a cumplir con el programa democrático en el
que se basó la revolución.

Tales incongruencias demuestran falta de voluntad política para
modificar su anquilosada posición e, indudablemente, impiden que las
acciones de Obama y del Congreso norteamericano sean más amplias y
expeditas.

Source: La vaca socialista y la chiva capitalista | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/la-vaca-socialista-y-la-chiva-capitalista/


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