Informacion economica sobre Cuba

La paciencia de Washington y el estancamiento de La Habana
El esfuerzo saludable iniciado por el presidente estadounidense Barack
Obama ha tenido resultados muy limitados hasta el momento
Redacción CE, Madrid | 25/08/2016 9:24 am

Para quienes llevan décadas viviendo fuera de Cuba, la elección al salir
de la Isla fue fácil y difícil al mismo tiempo: empezar de nuevo. De una
forma u otra todos lo hicieron. El restablecimiento de relaciones entre
Cuba y Estados Unidos cambió esa ecuación.
Puede que no tanto en lo personal, y seguramente no en muchos recuerdos.
Hay una miniserie de la televisión alemana que posiblemente les traiga
más de un recuerdo a quienes desde hace años viven fuera de Cuba. En una
escena de Unsere Mütter, unsere Väter una mujer recibe una visita
inesperada y desagradable en su nuevo apartamento. Una muchacha llega
preguntando por quienes vivían allí antes. La residente actual contesta
altiva y acusadora. ¿Quién es esa que se interesa por los judíos que
ella nunca vio, pero a los que despojaron de la vivienda donde ahora
sobrevive con varios hijos, mientras su marido se encuentra en el
frente? La escena se repite luego, tras la caída de Berlín, solo que
quien viene ahora es el hijo de esos judíos, que seguramente murieron en
un campo de concentración, y fueron los residentes originales de la
vivienda. De amenazadora, la mujer ha pasado a estar temerosa, a ignorar
cualquier conocimiento del pasado. De interrogadora pasa a ser
interrogada. Y no responde. Simplemente niega.
Todo el que vivió en Cuba y tuvo que dejar su casa, sus muebles, hasta
sus platos y cubiertos, sin esperanza de recuperarlos, conoce bien las
dos escenas.
Escenas de este tipo no han ocurrido en Cuba, ese país donde la
permanencia continua en el poder del mismo grupo contribuye a una patina
de nostalgia, olvido, resignación y mirar para otra parte. Luego de la
euforia inicial, ante la falsa ilusión de que un anhelado levantamiento
del embargo/bloqueo estaba a la vuelta de la esquina y resolvería todos
los problemas, ha vuelto a imponerse la espera.
No, no es lo mismo, La Habana no ha “caído”. El restablecimiento de
vínculos diplomáticos se produjo con el mismo gobierno que tomó el poder
el 1ro. de enero de 1959 y con igual sistema imperante a 90 millas en
esa fecha. No fue un encuentro entre nuevos amigos, sino entre viejos
enemigos, en parte cansados y también transmutados, pero sin perder el
apego al poder y compartiendo el temor ante lo desconocido, el posible
caos futuro y la inestabilidad que no se desea ni se busca en ambos
extremos del estrecho de la Florida.
Quizá lo principal ha sido la reafirmación de la preponderancia del
ámbito familiar. La familia es el factor que define esa porosidad
fronteriza, que ha convertido a Miami en una especie de puesto de
abastecimiento para la Isla, donde el exilio —en su caracterización
ideológica— se ha estado diluyendo, tiende a desaparecer, aunque
perduran tanto las causas que les dieron razón de ser como las que hacen
que en la actualidad continúe.
Entre ese existir —y el aprovecharse de las leyes y medidas que lo
facilitan aquí en Estados Unidos— y la desvirtualización de sus
supuestos objetivos primarios se define este instante aquí y en Cuba.
Lo más socorrido es decir entonces que se ha producido una
transformación, en la que más que hablar de un exilio activo hay que
mencionar que se trata de una emigración.
Añadir que esta emigración cada vez más se asemeja a la que por muchas
décadas han realizado quienes llegan a este país en busca de una mejor
vida, no importa si desde México, Centroamérica u otro país. No se debe
condenar a nadie que intente mejorar su vida, sobre todo si uno hizo lo
mismo antes.
Sin embargo, esta explicación adolece de un problema, y es que enmascara
el hecho de que el éxodo cubano continúa respondiendo a razones
políticas. Al igual que La Habana, Washington actúa de acuerdo a sus
intereses: mantener una estabilidad social y política, forzada en ambas
costas.
En este punto todos, cubanos de aquí y de allá, han optado en común por
la válvula de escape, como solución a los problemas cotidianos. En la
Isla se prefiere pedir ayuda a los parientes antes que enfrentar
cualquier protesta, simple pero no exenta de consecuencias. En el exilio
se vuelve, pero no se regresa.
El presidente estadounidense Barack Obama ha intentado, en cierto
sentido, cambiar esa ecuación, no en el ámbito político sino social y
económico. Permitir que la ayuda para el establecimiento de ese pequeño
negocio familiar, o la forma en que puedan lograrse los medios para
ejercer un oficio no dependan solo de la familia sino de la propia
iniciativa ciudadana. Sentar las bases para que el individuo se
independice no solo del Estado sino también de la familia. Es un
esfuerzo saludable, pero hasta ahora con resultados muy limitados. El
régimen de La Habana ha logrado desarrollar un camino a dos vías, donde
al tiempo que se busca la participación económica con grandes empresas,
estadounidenses y europeas, se mantiene un férreo control donde resulta
imposible que el familiar residente en el exterior deje de ser, en gran
parte, rehén del ese gobierno, del que pretendió liberarse al salir del
país.
Los temas pendientes se acumulan, pese a las frecuentes conversaciones
entre Washington y La Habana, y las soluciones no están a la vista. En
muchos casos, el Gobierno cubano no muestra la menor intención de
resolver los problemas pendientes. En un mundo cada vez más globalizado,
el régimen de La Habana se encierra en un concepto de nacionalismo
decimonónico, propio a su conveniencia.
Si un aspecto resulta sobresaliente esta mentalidad decimonónica es en
lo que respecta a las consideraciones hacia quienes han nacido en Cuba
pero adoptado otra ciudadanía o sencillamente desarrollan su vida en
otros países. La recién concluida cita olímpica, donde deportistas
nacidos en la Isla han participado bajo otras banderas ha vuelto a
colocar el tema en la palestra. El gobierno de La Habana continúa
otorgando categorías de “cubanos” y “excubanos” según criterios
ideológicos y no legales.
El nacer en Cuba implica una serie de responsabilidades —dicen desde
Cuba y repite aquí su coro de seguidores—, y bajo el mantra de la
“patria” hay que defender, respetar y contribuir en favor de algo que no
es patria ni Estado, sino simplemente gobierno y en última instancia un
apellido: Castro.
Al igual que el gobierno cubano lleva años aprovechándose de la
priorización de los valores familiares entre sus residentes aquí y allá
—en un cambio a conveniencia del rechazo inicial de la familia frente al
Estado, por otro en que la familia debe colocarse en beneficio de este y
no a la inversa— ha convertido a la patria en una especie de madre o
padre a la que siempre hay que servir, obedecer y ayudar, por deber
elemental filial, no importa las boberías que diga, más si se ha
deteriorado con el inevitable paso de los años.
Solo que quienes ahora son estadounidenses u europeos por adopción, no
se caracterizan simplemente como hijos de Cuba, aunque la nación de
origen aparezca en el pasaporte, sino son ciudadanos con plenos
derechos. Y el deber del país de adopción es reclamar por esos derechos.
Ese reclamo corresponde a Washington. Va más allá de la decisión
personal que se adopte, ya sea no visitar Cuba con un pasaporte cubano
—porque ya no se es cubano a los efectos legales en cualquier parte del
mundo— o pasar por alto ese “detalle”, porque otros factores pesan más:
desde deseos hasta necesidades familiares.
En este sentido, y como ciudadano norteamericano, las obligaciones y
derechos son otros. Cuba no debe ser una excepción, porque es un derecho
como estadounidense y no un deber por haber nacido en la Isla.
Lo que llama la atención es que este tipo de reclamo no se formule a
plenitud. Si realmente se ha iniciado una nueva era, en las relaciones
entre Washington y La Habana, y ha caído el último reducto de la guerra
fría en el Hemisferio, el futuro tiene que establecerse también por los
derechos, no solo de los cubanos. sino también de los que ahora son
estadounidenses. Simplemente para tenerlos, ni siquiera para usarlos.

Source: La paciencia de Washington y el estancamiento de La Habana –
Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-paciencia-de-washington-y-el-estancamiento-de-la-habana-326399


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