Informacion economica sobre Cuba

Raúl Castro o la indecisión
La sombra de Fidel Castro se mantiene presente en Cuba, pero no es más
que eso: una sombra
Redacción CE, Madrid | 08/09/2016 11:06 am

Desde su llegada a la presidencia, el general Raúl Castro le ha pedido,
una y otra vez, paciencia y trabajo a los cubanos, Todo ello en medio de
un panorama económico desolador. Una y otra vez ha enfatizado la
necesidad de ajustes basados en el ahorro, el aumento de la producción y
eficiencia laboral; la sustitución de importaciones y la reducción de
gastos. Hasta ahora la sustitución de importaciones no ha sido posible,
sobre todo en el sector de los alimentos, el cual consume gran parte del
presupuesto nacional. Es posible que la eficiencia haya aumentado en
algunos renglones productivos y de servicios, pero poco. El trabajar más
no pasa de ser lo de siempre: una consigna. El ahorro es nulo, salvo en
los exprimidos bolsillos de los ciudadanos.
Lo único que parece ser infinito en la Isla es la paciencia de los
ciudadanos. Esto último el Gobierno lo ha logrado con dos instrumentos:
la represión y la ilusión. Solo que la ilusión no está en el futuro
nacional sino más allá del mar, en la partida de la Isla o en recibir
ayuda de quienes viven en el extranjero.
Incluso con anterioridad a que asumiera de forma oficial la presidencia
de Cuba, Raúl Castro había formulado el mensaje de que lo que su
Gobierno consideraba “la revolución y su continuidad” dependían de
“hacer eficiente” la economía.
Transcurridos los años, esa eficiencia económica no se ve por ninguna
parte, y ahora el énfasis mayor está dado en lograr la inversión
extranjera: la eficiencia tiene que venir de afuera, lo que lleva de
nuevo a la apuesta de colocar las esperanzas en el exterior.
Durante el tiempo que lleva el general cubano al frente de la
administración del país, se destacan dos tendencias en pugna: una que
favorece darle prioridad a la producción y otra preocupada, sobre todo,
en mantener un férreo control ideológico de la gestión económica, con el
supuesto objetivo de evitar o disminuir desigualdades.
Tradicionalmente —y de forma esquemática— se ha identificado a Raúl con
la primera y a Fidel con la segunda.
La realidad es mucho más compleja.
Existe una gran distancia que entre el análisis de los problemas
económicos, bajo el Gobierno de Raúl Castro, y las soluciones que se
intenta poner en práctica.
Cabe señalar dos bloques, que por una parte definen ese abismo entre las
aspiraciones y las realidades del Gobierno raulista y por la otra las
diferencias entre la situación en las que vivían los cubanos antes de la
llegada al poder del menor de los Castro y el momento actual.
En el primer caso, hay un marcado contraste entre un diagnóstico, en
muchas ocasiones certero y más realista, y las soluciones tardías y a
medias llevadas a cabo por el actual Gobierno cubano.
El reconocimiento al planteamiento real de los problemas por algunos
órganos de la prensa oficial cubana —con una frecuencia no vista antes
en la Isla— debe ir acompañado del señalamiento de que por lo general
estos omiten o no enfatizan el corto alcance de las soluciones adoptadas
hasta el momento.
No basta el planteamiento del problema cuando no se dice además lo poco
que se hace para resolverlo o lo ineficaz que resultan las medidas
adoptadas al respecto.
Hasta hace poco la “excusa perfecta”, que se mencionaba una y otra vez
ante la ineficiencia económica del Gobierno del general, era la
presencia de su hermano mayor: un Fidel Castro que desde un ámbito
semiprivado continuaba influyendo o determinando en las decisiones.
Sin embargo, esa explicación ha ido perdiendo vigencia, en la medida que
se ha comprobado que realmente el mayor de los Castro está cada vez más
apartado del Gobierno —por razones de salud, envejecimiento o porque su
hermano ha logrado desplazar a la elite que respondía más estrechamente
o se identificaba con el mandato de Fidel— y que si acaso cuenta es en
la permanencia de ciertos dogmas ideológicos. Esto no quiere decir que
la sombra de Fidel Castro no se mantenga presente, pero que es eso: una
sombra.
Para Raúl Castro, esta supuesta dependencia puede tener un efecto
doblemente negativo. Por una parte lo muestra indeciso. Por la otra,
está la percepción que en estos momentos tienen quienes viven en la
Isla: pese a una serie de pequeñas reformas, en realidad la situación
económica no ha logrado transformarse.
Dos son los aspectos básicos, que constituyen la diferencia más marcada
entre el Gobierno de Raúl Castro y los largos años bajo el mando de su
hermano mayor.
Donde Fidel Castro veía supuestas limitaciones individuales, una
ausencia de cualidades revolucionarias y un afán natural hacia la
avaricia y el enriquecimiento que el Estado debe reprimir, Raúl Castro
ve una condición humana, un mecanismo y una forma de motivación que la
sociedad debe aprovechar para su desarrollo: una paga sin restricciones,
la posibilidad de tener más de un empleo y la existencia de estímulos
económicos que permitan la utilización del dinero como motor impulsor de
una mayor productividad. En este sentido, Raúl Castro no solo apoya lo
postulado por Marx en la Crítica del Programa de Gotha, sino ha
intentado hacer creer que la célebre frase de Bujarin a los campesinos
rusos, ¡Enriqueceos!, no le resulta del todo ajena. Pero ese aparente
enriquecimiento tiene fuertes limitaciones, y hay sectores, como el
comercio, en que comparte los puntos de vista de su hermano.
Hay un aspecto básico, que tiene un fundamento más práctico, y es donde
hasta el momento se evidencia la mayor limitación del plan raulista. Es
en el énfasis en la transformación agrícola como una forma de superar en
buena medida las limitaciones económicas por las que atraviesa la Isla.
El Gobierno de Raúl Castro ha tratado de estimular la agricultura a
través de formas diversas, desde lograr que el Estado pague sus deudas a
los campesinos hasta un aumento de los precios que paga por los
productos agrícolas y la entrega de tierras improductivas en usufructo a
quienes quieren cultivarlas. La reducción del papel de intermediario del
Gobierno y la incipiente creación de un mercado mayorista donde los
campesinos puedan adquirir libremente los recursos que necesitan para
ser más productivos.
Hasta el momento, los resultados de tales planes han sido pobres. Es
aquí donde radica la muestra más clara del fracaso económico del
Gobierno de Raúl Castro. Al punto que sus planes han cambiado hacia un
énfasis en la inversión extranjera como tabla salvadora de la economía
cubana.
Sin embargo, aunque es aún pronto para un diagnóstico definitivo, lo que
el Gobierno raulista está vendiendo hasta el momento es más una ilusión
que un futuro sustentado en bases sólidas. Y aquí se vuelve al punto de
partida: la infinita paciencia del cubano, que escucha este nuevo
discurso sin creerlo y por su cuenta sigue apostando a la salida del
país y las remesas procedentes del exterior.

Source: Raúl Castro o la indecisión – Noticias – Cuba – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/cuba/noticias/raul-castro-o-la-indecision-326555


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