Informacion economica sobre Cuba

Remendadores de necesidades
Los cuentapropistas que trabajan en este taller nos cuentan el
sacrificio para mantener su negocio
Miércoles, septiembre 21, 2016 | Ernesto Aquino

LA HABANA, Cuba.- La vida del cubano, azarosa y llena de desafíos
cotidianos, se complica a cada paso en una sociedad donde cada solución
produce múltiples problemas.

Los electrodomésticos están en la lista de los “enseres menores” que más
disgusto generan dentro de las familias cubanas. Y entre esos enseres,
las lavadoras y los ventiladores comparten el primer lugar entre los más
afectados.

Ángel Barroso Medina, de 53 años, es un reparador de electodomésticos
que abandonó el empleo estatal donde se desempeñaba en la especialidad
de Economía del Trabajo, para dedicarse al cuentapropismo. Nos habla de
las dificultades que enfrenta en su día a día laboral, debido a la falta
de recursos, y su experiencia humana cuando se enfrenta con la decepción
de los clientes.

Asegura que “es dramático, y te aseguro que no exagero. Imagínate que
compras una lavadora ?digamos, que una de las más baratas? que cuesta
300 dólares, y al año de comprada se quema el motor, el reductor de
velocidad o los bujes de la centrífuga. Los talleres del Estado, que
sólo existen para este tipo de casos, la mayoría de las veces no tienen
cómo repararlas”.

Willian Machín Pérez, un joven Técnico Medio en Veterinaria, de 21 años
de edad y que labora como ayudante de Barroso Medina, explica que “la
reparación de un motor (enrollado) cuesta entre diez y doce dólares, y
un cambio de bujes unos siete dólares. Luego está la mano de obra, donde
los precios se pueden flexibilizar un poco”.

Estos reparadores de “enseres menores”, que laboran en un local
arrendado junto a otros cuentapropistas, ubicados en calle Dolores,
entre 16 y 17, Lawton, 10 de Octubre, La Habana, lamentan que la mayoría
de las veces el esfuerzo y las buenas intenciones no basten para
solucionar las frecuentes roturas de estos equipos que son “los de mayor
uso diario, por el fuerte y constante calor que obliga a mantener
encendidos los ventiladores casi todo el día y las lavadoras trabajando
toda la semana para garantizar la ropa limpia en un país donde el polvo
y la suciedad son patrimonio nacional“.

Barroso Medina asegura que “la falta de almacenes mayoristas, donde los
trabajadores privados podamos comprar a precios justos, además de la
crisis de repuestos que genera, le encarece al cliente hasta las
reparaciones más simples, lo que les ocasiona disgustos con los que
nosotros tenemos que lidiar diariamente”.

Y continúa el joven ayudante de 21 años: “Y este negocio de reparaciones
menores lo que deja de ganancia es un salario que no compensa. Yo, por
ejemplo, lo que gano al mes son entre 300 y 400 pesos moneda nacional
(entre 14 y 19 dólares), de los que tengo que descontar la licencia (6
pesos) y la Seguridad Social (87,50 pesos), unos cuatro dólares”.

Por su parte, Barroso Medina nos comenta que “mi ingreso mensual es de
28 dólares, y entre Licencia (100 pesos), Seguridad Social (87,50 pesos)
y el arrendamiento del lugar de trabajo (140 pesos), lo que hacen un
total de 11 dólares aproximadamente, mi mensualidad salarial queda
reducida a 17 dólares”.

“El beneficio más apreciable del cuentapropismo”, según opinión de los
entrevistados, sigue siendo “la relativa independencia del control del
Estado, lo que nos permite manejar los horarios y la toma de decisiones
al interior de nuestros negocios”.

“En cuanto a ganancias y crecimiento empresarial, la mayoría de los
negocios privados no pasan de ser actividades asalariadas sin ningún
futuro”, expresó Miguel Sardiñas Hernández, un Técnico en Electrónica de
33 años, que también se dedica a la reparación de enseres menores.

“Yo, que puedo considerarme afortunado, porque tengo bastante trabajo y,
además, hago contratos con diferentes instituciones, como son los asilos
de ancianos, tengo que hacer “magia” para llegar a fin de mes”,
continúa diciendo Sardiñas Hernández.

El Técnico en electrónica de 33 años refiriere que “las inversiones que
tenemos que hacer todos los que nos dedicamos al trabajo privado afectan
mucho las ganancias; porque todos los repuestos, los de mayor demanda,
tienes que comprárselos a los que se dedican a traerlos del extranjero,
y a los que viajan los precios se le van pa’ la cabeza”.

Sardiñas Hernández, que labora en un pequeño espacio de su domicilio,
ubicado en Calle Concordia, número 671, entre Oquendo y Soledad, Centro
Habana, La Habana, precisa que “el Estado tiene que ocuparse más de los
cuentapropistas, aunque no sea más que por respeto al servicio que
prestamos a la sociedad”.

Y concluyó: “Entre las carencias, siempre insatisfechas, de los que
buscamos solucionar nuestras miserias cotidianas, y los tormentos
crecientes de los que tratamos de resolver las miserias ajenas, nos
hemos convertidos en reparadores de necesidades, para seguir viviendo
una vida remendada por los cuatro costados”.

Source: Remendadores de necesidades | Cubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/remendadores-de-necesidades/


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