Informacion economica sobre Cuba

Un día en la vida de un ‘rellenador de fosforeras’
ADRIANA ZAMORA | La Habana | 27 de Septiembre de 2016 – 09:51 CEST.

El encendedor, mechero o fosforera es un artículo desechable. Con
excepciones, como los marca Clipper, que pueden ser recargados, o los
Zippo, que se supone duran toda una vida, los encendedores se tiran
cuando se les termina el gas y se compra otro.

En Cuba, sin embargo, una licencia de trabajo por cuenta propia aprueba
la actividad de “reparador y llenador de fosforeras” porque aquí los
mecheros se desechan en última instancia.

Generalmente se sientan en pequeñas mesas en lugares de amplia afluencia
de público, como portales y mercados, a veces con carteles que indican:
“Se rellenan fosforeras”.

“Tanto si el espacio es de una casa privada o del Estado, tenemos que
pagar por el derecho a usarlo”, explica un rellenador en un portal de
Centro Habana.

Pedro, quien trabaja en la acera de un centro comercial, paga su espacio
al Estado. “Además, pagamos 40 CUP de licencia mensual, 85 CUP de
seguridad social y 120 CUP cada 15 días a la Empresa de Comercio
Municipal, que es a donde pertenecemos aunque seamos cuentapropistas”.

Los pagos a dicha empresa se realizan a través de un “administrador”,
que funciona también como inspector, pues se asegura de que los
rellenadores y vendedores que atiende cumplan con los requisitos
exigidos por la licencia.

“La tarea de ellos es cobrar, más nada”, opina el rellenador
centrohabanero. “Porque la Empresa no pone nada. Las piedras, el gas,
los alfileres, todo lo pones tú y lo consigues como puedes”.

“Se supone que si un inspector te pone una multa y vas a discutirla, el
administrador debe ir contigo, representar a la Empresa”, dice Pedro.
“Una vez a mí me pusieron una de 700 CUP porque estaba con mi mesita
aquí en la acera. Como los pagos míos por usar el espacio estaban al
día, esa multa estaba mal puesta. Pero al final no llamé al
administrador ni la discutí. La pagué, porque el papeleo iba a ser más
grande y más el dinero que iba a gastar para que me la quitaran”.

Como la mayoría de los “fosforeros” piensa lo mismo que Pedro, la
función del “administrador” queda en cobrar y nada más.

Hasta ahora, los inspectores del Poder Popular no se interesan mucho por
la procedencia de los materiales con los que trabajan los “fosforeros”.

“No nos preguntan, la verdad”, dice el de Centro Habana. “De todas
maneras, todo el mundo sabe que para conseguir el gas, lo que tienes que
hacer es comprar la ‘balita’ al Estado, que es legal, así que no hay
misterio”.

La “balita” o “calabacita” de 20 kg de gas licuado cuesta 110 CUP en los
puntos de venta estatales. Según los rellenadores, una balita alcanza
para un promedio de 15 días de trabajo.

“Los alfileres son bastante fáciles de encontrar en las tiendas en CUC,
pero las piedras sí son más difíciles”, comenta Pedro. “Como no las
venden en ninguna tienda hay que comprarlas a vendedores particulares,
gente que las importa. Los precios varían desde 50 centavos CUP hasta 2
pesos por cada una”.

Aunque muchos de los encendedores que se venden en las tiendas de Artex
y en las comercializadoras de tabaco tienen una pequeña válvula que
permite reponer el combustible, su mecanismo no es tan fuerte como para
durar muchos rellenos.

“Ya las Clipper no abundan tanto como antes”, dice el rellenador de
Centro Habana. “Esas sí duran años y la gente las busca por eso. Las que
venden ahora son sobre todo sin piedra, con chispa eléctrica, igual que
los encendedores grandes, los que la gente usa para las cocinas”.

También abundan unas más baratas, completamente desechables. Estas son
de un plástico que se parte con facilidad y no tienen válvula.

“Pero hay cantidad de fosforeras Bic, que tienen piedra y mejor plástico
y aunque no tengan por donde rellenarse, lo hacemos con alfileres”, dice
Pedro.

El procedimiento con alfileres consiste en abrir un agujerito en
cualquier parte del cuerpo de la fosforera e introducir el gas por allí,
con ayuda de agujas de jeringuilla adaptadas a los envases dispensadores
de gas. Luego el agujero se tapa con un alfiler cortado con pinzas.

“Yo he tenido aquí fosforeras llenas de alfileres por todas partes, esas
son las más curiosas”, asegura Pedro. “Fíjate que han pasado por aquí
extranjeros que han querido comprar algunas para llevárselas a sus
países, porque ese invento de los alfileres es cubano completo. Allá
afuera botan hasta las que tienen válvula, así que esas llenas de huecos
son una pieza de colección para ellos”.

Esta atención de parte de los extranjeros han hecho a los rellenadores
de fosforeras conscientes de la singularidad de su oficio.

“En cualquier otra parte del mundo no puedo hacer esto, nadie reutiliza
una fosforera”, dice el centrohabanero. “Tendría que dedicarme a
arreglar cocinas de gas, que es lo que yo hacía antes, que eso sí debe
existir porque no es tan fácil botar una cocina como se bota una fosforera”.

Pedro piensa que en otras partes del mundo podría rellenar encendedores
también. “Pero no sería lo mismo. Sería para gente rara de esas que les
gusta reciclar, o para coleccionistas. Aquí es diferente, en Cuba todo
el mundo recicla por necesidad, no por conciencia”.

Source: Un día en la vida de un ‘rellenador de fosforeras’ | Diario de
Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1474686272_25524.html


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