Informacion economica sobre Cuba

A soñar en FIHAV
ADRIANA ZAMORA | La Habana | 5 de Noviembre de 2016 – 21:14 CET.

En un país donde los negocios con el capital extranjero son atribución
exclusiva del Estado, ¿a qué va el pueblo a una feria comercial?

De hecho, FIHAV 2016, que cerró este viernes, estuvo la mayor parte del
tiempo cerrada al público. Como siempre, al final, cuando ya se suponía
que los “empresarios” estatales habían hecho sus negocios, fue que las
puertas de Expocuba abrieron al público general, sin invitaciones ni
credenciales.

¿Qué le interesa al cubano de a pie que entra en FIHAV para no comprar
ni negociar nada? Para saberlo, solo hay que fijarse cada año dónde se
concentra la mayor cantidad de público.

En el pabellón de Venezuela, uno de los más grandes y mejor diseñados,
apenas había curiosos. Los pocos productos que se exhibían se perdían en
el espacio blanco del pabellón y daban una idea de pobreza, más que otra
cosa. En un espacio que representa a un país grande que debería ser rico
por todos sus recursos, un par de muestras de galletas o champú, unos
pocos productos químicos o piezas de tecnología petrolera confirmaban la
idea que muchos llevaban previamente a la feria: “Venezuela está allí
porque es un asunto político”. Ninguno de los escasos productos que se
mostraban en las vidrieras se ven en las tiendas a las que accede el
pueblo cubano y a nadie le hace falta. Para producir crackers de maíz ya
tenemos a Papas n’Co.

En la muestra cubana, como cada año, resaltaron los stands de
productoras de ron, como Habana Club o Legendario, y de tabaco, como
Brascuba o Cohiba. En años anteriores la barra del stand de Cuba Ron
había estado abierta, atrayendo público interesado en muestras
gratuitas. Este año estuvo rodeada por una cinta amarilla, al estilo
policial, que alejaba a los curiosos.

Las otras propuestas nacionales no le importaban a nadie. Labiofam,
Cubahidráulica. ¿Para qué sirve todo eso? Los cubanos pasaron de largo,
no se fijaron siquiera en los carteles increíbles como el de la Empresa
Comercializadora de Servicios Médicos cubanos, que mostraba a una
familia blanca cuyos miembros estaban vestidos como si fueran europeos;
o la gigante foto de unos vegetales que nunca hemos visto (¿pimientos de
color naranja? ¿brócoli?) y que decía: “Cuba sí puede/ Yes! Cuba can!”.
Por no hablar del espacio dedicado al proyecto estrella del Gobierno, el
puerto del Mariel.

“Busca a ver si hay más plegables de estos, que sirven para forrar
libretas”, dijo una mujer al hombre que la acompaña.

“Vamos a averiguar a qué hora es el sorteo de Huawei”, comentaron unos
adolescentes.

Ese es uno de los motivos por los que los cubanos van a FIHAV, para ver
qué pueden conseguir gratuitamente. Es una compulsión adquirida durante
años de privaciones, que quedó constatada cada vez que hubo una rifa en
algún stand.

“¿Qué están dando aquí?”, preguntó un hombre ante la aglomeración de
público en el pabellón de Corea. “Porque si hay tanta gente es que están
dando algo”. Efectivamente, la cola que se extendía unos cuatro metros
era para participar en la “Ola coreana”, una especie de ruleta donde los
participantes ganaban chucherías como abanicos, sombrillas o bolsas
promocionales. Y para eso los cubanos hacemos fila.

Tecnología y lujo fuera de alcance

Otro de los motivos para visitar la feria sigue siendo ver la tecnología
y el lujo al que no podemos acceder, a la par que constatamos que el
mundo se mueve, aunque nosotros no.

Cada año la muestra de la compañía rusa Lada sigue provocando que los
cubanos noten cuán detenidos están en el tiempo. “Eso es un Lada”,
señaló un joven asombrado frente al Lada Vesta, de un llamativo color
vino. “Igualito al que cogimos nosotros hasta aquí”, ironizó su acompañante.

“Cualquiera diría que Lada había desaparecido”, dijo una mujer mientras
su esposo le tomaba una fotografía frente al Vesta. “Los que
desaparecieron son los Ladas que nosotros conocemos”.

La representante de Seiko, una muchacha que decía “so” en lugar de
“entonces”, aunque es cubana y vive en Cuba, no podía parar de hablar.
Todo el mundo preguntaba, aunque no tuviera dinero para comprar; no la
dejaban tranquila. Querían saber si esos modelos expuestos se venden en
Cuba, dónde se venden, cuánto cuestan. Ella decía que “no, pero tenemos
otros modelos de igual calidad”, y daba promoción a la línea más
económica: “Yo tengo varios, porque son más baratos, pero igual de lindos”.

En la muestra de Susuki los curiosos tiraban fotos a las motos. “Mira
esto, compadre”, eran las palabras que más se escuchaban allí. “¿Cuándo
llegarán a Cuba motos como esta?” Porque ni siquiera los agentes de la
Seguridad del Estado tienen derecho a que su Susuki reglamentaria sea
como las que se veían en la feria. Hasta ellos tiraban fotos y
suspiraban en el stand japonés.

La tecnología fue el principal concentrador del interés de los cubanos
en FIHAV. Y no solo de los jóvenes. La muestra de Huawei era visitada
por todos, los teléfonos inteligentes pasaban por las manos de personas
de diferentes generaciones, mientras otros se tomaban fotos frente al
cartel promocional con Lionel Messi, embajador global de la marca.

En este apartado, el pabellón de Corea se llevó las palmas. En la
muestra de Samsung apenas se podía caminar por la cantidad de personas
que quería probar la tecnología. Teléfonos y tabletas, pero también
lavadoras, televisores y equipos de realidad virtual. Para estos
últimos, la cola incluía desde adolescentes con uniforme del
preuniversitario del MININT hasta un señor de más de 60 años con sombrero.

“¿Y esta tecnología la van a vender en Cuba?”, preguntaba todo el mundo.
Las jovencitas encargadas del stand, uniformadas en azul, respondían:
“No sabemos. La tienda de Samsung en 3ra y 70 ya casi está lista, pero
todavía no sabemos cuándo abrirá. No nos han dicho lo que se va a vender
allí, pero cualquier cosa es posible”.

Mientras, los cubanos disfrutaban unos minutos de esquiar virtualmente
sin tener que pagar, porque la mayoría sabía que comprar el equipo les
resultará tan imposible como ir a esquiar de verdad. Se sacaban fotos,
se divertían y después para casita. Punto final.

Al final, FIHAV es para los cubanos un enorme programa de realidad
virtual donde, por unas horas, pueden tener en sus manos un Samsung
Galaxy S7 edge o tocar una Susuki que parece de ciencia ficción o
preguntar por un Seiko modelo clásico como si lo fueran a comprar. Luego
se quitan las gafas especiales, caminan fuera de Expocuba y, en el mejor
de los casos, se montan en un Chevrolet de los años 50 con motor de Lada
1500 y se largan para Marianao para seguir con su vida real.

Source: A soñar en FIHAV | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1478376845_26514.html


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