Informacion economica sobre Cuba

Fidel Castro, Trump y el “deshielo”
La muerte del mayor de los Castro es el fin de una era. Pero, ¿cuándo se
podrá en marcha la siguiente?
Redacción CE, Madrid | 26/11/2016 1:19 pm

La muerte de Fidel Castro abre una interrogante adicional —y
fundamental— sobre el rumbo que tomarán las relaciones entre Washington
y La Habana.
La respuesta a la pregunta no se conocerá de inmediato, pero hay un
hecho cierto: la muerte del mayor de los Castro es el fin de una era.
Pese a que se mantenía alejado del mando sobre los asuntos cotidianos en
Cuba, y pese a su enfermedad, continúo siendo un referente, no solo para
el sector más conservador e ideológico dentro de la elite gobernante,
sino de supuesto “arbitro simbólico” dentro del complejo —y oculto—
pugilato por inclinar hacia una tendencia u otro el rumbo económico de
la sociedad cubana. No se trata, simplemente, de verlo todo en términos
de una lucha por el poder —sobre la cual, hasta el momento, ha actuado
con decisión y eficacia Raúl Castro— sino de abrir o cerrar los límites
establecidos para un desarrollo económico que logre prescindir de
ciertas trabas “ideológicas” que impiden su avance.
“Los cubanos ya enterraron hace tiempo a Fidel”, dijo a la AFP un
diplomático occidental que vivió varios años en Cuba. “Ellos tienen la
cabeza puesta en el futuro, para muchos no es más que un glorioso
recuerdo”, agregó bajo condición de anonimato.
Sin embargo, es difícil minimizar el impacto que tendría en la Isla la
desaparición del padre de la revolución cubana. La figura paternal del
“Comandante en Jefe”, tan respetada como temida, ha permanecido incluso
después de que este abandonara el uniforme verde oliva por un atuendo
deportivo. Quizá no tanto en la mente de las jóvenes generaciones, pero
sí en el imaginario divulgado por la prensa y otros centros de poder. No
es que a los jóvenes les importara poco —o incluso desconocieran en
muchos casos— todo lo relativo a Fidel Castro, lo decisivo aquí es que
los funcionarios medios y otras fuerzas activas y determinantes en la
Isla permanecían atemorizadas por esa presencia que “no estaba”, pero
seguía vigente como una sombra poderosa.
Así, mientras a los efectos de gabinete del Gobierno y del órgano
partidista no hay que esperar de inmediato cambio alguno, sino recordar
que tales mandos vienen siendo ocupados, desde hace diez años, por
figuras escogidas, cercanas o de acuerdo a los patrones establecidos por
Raúl Castro.
Pero además la muerte de Fidel Castro anuncia, de manera aplastante, ese
final de una generación que por décadas ocupó las principales posiciones
de mando y cuyos valores intereses —incluso con las sustituciones por
motivo de edad efectuadas en los últimos años— han mantenido su vigencia.
“Con la muerte de Fidel, la situación política y económica probablemente
se abrirá. Le quitará un peso a Raúl. El no tendrá que preocuparse más
por las contradicciones con su hermano mayor, una personalidad
avasalladora”, dijo a la AFP Michael Shifter, presidente de
Inter-American Dialogue, un centro de estudios estadounidense.
“La expectativa de cambio va a crecer entre la mayoría de los cubanos.
La muerte de Fidel muy ciertamente abrirá la puerta a mayores conflictos
y confrontaciones entre quienes ejercen el poder. Se habrá ido el
supremo árbitro de todos los conflictos en Cuba. Raúl tendrá más, mucho
más espacio, pero también lo tendrán sus adversarios políticos”, agregó
Shifter.
Aunque más prudente, la opinión de Arturo López Levy, especialista en
asuntos cubanos del Centro de Estudios Globales de la Universidad de
Nueva York, coincide en el aspecto de que se abre una posibilidad para
mayores cambios.
“Después de la muerte de Fidel Castro, ganarán ímpetu la reforma
orientada al mercado y la erradicación de las políticas comunistas más
impracticables. Sin el carisma de Fidel, las disposiciones del Partido
Comunista descansarán en los resultados económicos”, dijo a la AFP.
Aunque “el impacto sobre el ritmo y la naturaleza de las reformas de
Raúl será limitado. Raúl ya tiene la última palabra en la aplicación de
su agenda de reformas. El no necesita probar su legitimidad”, añadió
López Levy.
La muerte de Fidel Castro brinda además la posibilidad de un necesario
compás de espera al presidente estadounidense electo, Donald Trump. Si
bien Trump no ha declarado al caso cubano como una prioridad, al menos
durante los primeros cien días de su Gobierno, ahora tiene un argumento
adicional, tanto para actuar en favor de un cambio de política, por
parte de la Casa Blanca, como para dilatarlo.
Hasta ahora la única señal evidente de que Trump parece dispuesto a
cumplir las promesas formuladas, durante las últimas semanas de su
campaña, con el exilio histórico de Miami, es el llamado al cabildero
Mauricio Clever-Carone para formar parte del grupo que lleva a cabo la
transición gubernamental en Estados Unidos.
Pero la entrada de Clever-Carone a dicho grupo admite, al menos, dos
lecturas. En su calidad de experto dentro del equipo que perfila el
futuro del Departamento del Tesoro Clever-Carone vuelve a una función
que ya llevó a cabo durante la transición hacia la presidencia de George
W. Bush. Por otra parte —y este es el aspecto que ha despertado las
ilusiones del anticastrismo más “vertical”— precisamente es el
Departamento del Tesoro quien tiene a su cargo, junto con el de
Comercio, el cumplimiento de la Ley Helms-Burton y la evaluación de
hasta dónde se puede llegar en las flexibilizaciones vigentes tras las
órdenes ejecutivas de Barack Obama. Solo que también es bueno recordar
que durante el mandato de Obama muchas de las regulaciones impuestas por
la ley no solo se han cumplido, sino que han aumentado —por ejemplo— las
multas.
Así que, en el caso de que Clever-Carone —conocida figura en favor del
mantenimiento del embargo— pasara a desempeñar un cargo o ejerciera
algún papel en un aspecto tan especifico, dentro de dicho departamento,
ello no puede considerarse como único factor decisivo en una posible
marcha atrás de las directivas formuladas por Obama.
Lo más importante —dentro de la nueva situación creada tras el
fallecimiento de Castro— es que Trump, el futuro “presidente buen
negociador”, tiene ahora un marco distinto de referencia —no se sabe aún
cuánto podría cambiar al respecto— a la hora de lograr un “mejor
acuerdo” con La Habana, como ha expresado en más de una ocasión. Y que
la “pelota”, que al parecer estaba en manos de Washington, vuelve a
colocarse en el terreno habanero.

Source: Fidel Castro, Trump y el “deshielo” – Noticias – Cuba – Cuba
Encuentro –
www.cubaencuentro.com/cuba/noticias/fidel-castro-trump-y-el-deshielo-327795


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