Informacion economica sobre Cuba

Trump, Cuba y el ejemplo de Vietnam
DIMAS CASTELLANOS | La Habana | 29 de Noviembre de 2016 – 11:02 CET.

La mayoría de los analistas, al referirse al giro que podrían sufrir las
relaciones entre Cuba y EEUU después de las elecciones del pasado 8 de
noviembre, se han ocupado unilateralmente de la política que seguirá el
nuevo inquilino de la Casa Blanca respecto a Cuba, ignorando el carácter
bilateral de dichas relaciones.

Los vaticinios emitidos conforman un abanico que se despliega desde los
que plantean el cumplimiento de la promesa electoral de retrotraer la
política empleada por Barack Obama, hasta un posible mayor entendimiento
con las autoridades cubanas. En casi todos el acento recae en lo que
hará el nuevo mandatario, tal como si la parte cubana fuera ajena a lo
que pueda ocurrir.

Un análisis retrospectivo de las relaciones entre ambas administraciones
indica otra cosa. Teniendo en cuenta que el pueblo cubano carece de
derechos civiles y políticos para influir en ese proceso, y que la
debilidad de la sociedad civil emergente le impide desempeñar el papel
de contraparte, el análisis tiene que ceñirse a las relaciones
intergubernamentales.

Una cosa es apelar al populismo electoral y otra muy diferente es
presidir la mayor potencia del mundo. Anular lo avanzado en las
relaciones restablecidas durante la presidencia de Barack Obama será
extremadamente difícil. La institucionalización de los poderes públicos,
la existencia de diversos sectores con intereses en la Isla y los
intereses en la región frente a la penetración de otras potencias, lo
impiden. En esas condiciones Trump podría limitar o eliminar algunas
cosas, pero no podría anularlo todo, porque afectaría los propios
intereses de su país.

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU —el
hecho de mayor trascendencia política después de la revolución de 1959—
responde a los intereses de ambas naciones. La suposición de que Trump
constituya un peligro para las relaciones que la Administración Obama
logró adelantar es una cara de la moneda, en la otra cara está el freno
demostrado por el Gobierno cubano para que dichas relaciones avancen.

El aferramiento a la estatización, la planificación centralizada y la
ausencia de libertades de los cubanos, están entre las principales
causas de la crisis en que Cuba se encuentra. La política de la
Administración Obama brindó una oportunidad de cambio que no fue
desaprovechada por la parte cubana para remover los obstáculos al
interior del país. Por tanto, junto al peligro potencial que pudiera
representar la Administración Trump está la negativa real del Gobierno
cubano, carente de la voluntad política necesaria para enfrentar el
presente. Una contradicción insoluble que consiste en cambiar y al mismo
tiempo conservar el poder.

La tesis de Fidel Castro, de que “Cuba ya cambió en 1959” dio paso a la
visión más pragmática del general Raúl Castro, de “cambiar algunas cosas
para conservar el poder”. Las medidas implementadas con ese objetivo en
ocho años no arrojaron el resultado esperado. En su lugar develaron la
inviabilidad del modelo y la profundidad de la crisis, ante lo cual la
única salida radica en la implementación de una reforma profunda.

Si los paquetes de medidas dictados por la Casa Blanca —incluyendo la
directiva presidencial del pasado mes de noviembre dirigida a hacer
irreversible los avances logrados— no han arrojado un mayor resultado es
porque no se acompañaron con las medidas necesarias de la parte cubana
para liberar las fuerzas productivas y restituir las libertades
ciudadanas. Por esa razón, más que lo que pudiera ocurrir durante la
administración de Trump, la solución de Cuba recae en sus autoridades.
De acometerse esos cambios ahora, aunque se implementen con gran atraso,
neutralizarían cualquier intención de retroceso por parte del nuevo
inquilino de la Casa Blanca.

Teniendo en cuenta que la suspensión del embargo es prerrogativa del
Congreso estadounidense, lo indicado ahora, después de la desaparición
física de Fidel Castro, es acometer una reforma estructural e integral
que debió de haberse iniciado mucho antes, al menos, en su comienzo como
lo hiciera Vietnam, limitada a la economía. En un país donde en diez
años de guerra se arrojaron tres veces más bombas que las empleadas
durante la Segunda Guerra Mundial, y donde el 15% de la población
pereció o resultó herida en la contienda, emprendieron esas reformas.

El diario Granma del pasado 4 de noviembre, en un reporte titulado “El
Vietnam del futuro”, dice que la provincia de Binh Duong, antes
eminentemente agrícola, ahora predomina la actividad industrial. Esta
provincia cuenta con más de 2.700 proyectos de inversión extranjera; el
PIB desde el 2010 crece al 14% anual; cuenta con 28 parques industriales
con fábricas construidas por empresas de más de 30 países; en los
últimos dos años se han incorporado casi 370 nuevos proyectos de
inversión, y de 1996 a la fecha han generado más de 90.000 puestos de
trabajo.

El mismo diario publicó recienmente otro artículo, “El milagro de la
economía vietnamita”, donde plantea que el Banco Mundial ha colocado a
Vietnam entre los países más exitosos, que en 30 años han triplicado la
renta per cápita; entre 2003 y la actualidad redujeron la pobreza de un
59% a cerca del 12%; y en menos de 20 años sacaron de la miseria a más
de 25 millones de personas. Agrega que en 1986 el ingreso promedio de
los vietnamitas estaba entre 15 y 20 dólares al mes, y ahora oscila
entre los 200 y los 300 dólares. Recuenta además ese artículo que en
1986 fue eliminado el mecanismo centralizado y se implementó una
“economía de mercado con orientación socialista”.

EEUU le suspendió a Vietnam un embargo que duró 30 años; en 2008 el país
dedicó esfuerzos a salir de la lista de países subdesarrollados; en
2010 se trazó el objetivo de entrar en el grupo de países de ingreso
medio; en 2014 se ubicó como el vigésimo octavo exportador más grande
del mundo; y en 2016 fueron aprobadas medidas destinadas a convertirlo
en una nación industrializada.

En ese mismo lapso de tiempo, Cuba se ancló en el pasado con la política
conocida como “Rectificación de errores y tendencias negativas”, y logró
que durante 25 años las Naciones Unidas condenaran el embargo. Hoy
Cuba tiene que gastar millones de dólares para adquirir en el exterior
alimentos que se podrían producir en el país y, después de enseñar a los
vietnamitas a cosechar café, tenemos que comprarle ese grano.

Source: Trump, Cuba y el ejemplo de Vietnam | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1480373673_27043.html


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