Informacion economica sobre Cuba

Cuartos sucios y mala atención: así son los hoteles de Cuba (que España
puede cambiar)
Para muchos turistas, la calidad de la oferta hotelera resulta
deficiente, algo muy preocupante dado que el turismo sigue siendo uno de
los motores económicos de la isla
TIEMPO DE LECTURA7 min
06.02.2017 – 05:00 H.

Para el cubano de a pie, parecen flotar como envueltos en una bruma
onírica, idealizados por sus habitaciones con aire acondicionado y
canales “de afuera”, pero sobre todo por sus legendarias mesas bufé, en
las que pueden encontrarse alimentos y bebidas que la mayoría de los
pobladores de Cuba muy pocas veces ha consumido. Son los hoteles, ese
espacio reservado a los turistas extranjeros, los nacionales llegados
desde el exterior y sus familias, y los pocos afortunados con la
posibilidad de costearse la estancia de algunos días que les permitan
sentirse como si “vivieran en otro país”.
Solo a comienzos del 2008 los cubanos obtuvieron el derecho a alojarse
en ellos. Tras esa premisa -y la condición de espacio vedado que siguen
teniendo para tantos- se esconde las claves de la fascinación y el
respeto con que se les mira puertas adentro de la isla. Pero los
extranjeros no tienen por qué sucumbir a su influjo.
Mucho menos cuando -como en el caso Fabián y Cristina, dos viajeros
argentinos- la primera noche en una de esas instalaciones se convierte
en una experiencia “sobrecogedora”. Lo dice ella sin dejar de buscar en
su móvil para mostrar las fotos que guardó de la aventura. “Al
principio, el hotel –el Lincoln, de la Habana- no nos pareció gran cosa,
y la habitación, sencillita, sencillita. Sin embargo, decidimos darle
una oportunidad debido al cansancio que teníamos y lo céntrico que
estaba. Además, allí se había alojado Juan Manuel Fangio, el campeón
mundial de automovilismo, y eso le agregaba un valor sentimental que nos
comprometía. El problema llegó cuando apagamos la luz para acostarnos.
Al rato, me desperté sintiendo que algo me caminaba por la cara y prendí
la luz para ver. ¡No podés imaginar lo desagradable que fue darme cuenta
de que se trataba de una cucarachita!”.

Su propia indagación les permitió descubrir que el insecto compartía
nido con varios congéneres en el fondo de una de las mesillas de noche;
con ese dato y todo el malestar del caso llamaron a recepción para que
los cambiarán de cuarto, o al menos vinieran a eliminar a los intrusos.
La respuesta no pudo ser más increíble: no se podía hacer nada hasta la
mañana del día siguiente, pues ya era muy tarde y en el hotel no quedaba
ningún directivo con potestad para determinar qué acción emprender. El
consejo que les daban era que volvieran a dormirse, pues “mañana sería
otro día”. “Ahí mismo liamos nuestros bártulos y nos fuimos a la primera
casa de renta que se nos puso por delante. Así hemos recorrido media
Cuba, más barato y conociendo mejor a la gente”, cuenta Fabián. “A los
hoteles no volvemos”, aclara.
Algunos pudieran considerarlos víctimas de su propia elección. El
“Lincoln”, el hotel de la noche de marras, es un discreto alojamiento
regentado por la cadena cubana Islazul dedicado fundamentalmente al
turismo extranjero que busca precios económicos y una ubicación próxima
al corazón de La Habana. Poco más. No por casualidad, en el sitio
TripAdvisor casi dos tercios de los viajeros que lo han visitado lo
califican como “malo” o “pésimo”.
Por desgracia, su caso no es único. A pesar de los esfuerzos del
Ministerio de Turismo de Cuba, y la influencia creciente de la inversión
extranjera, la planta hotelera de la isla sigue estando por debajo de
los estándares en que se mueven sus homólogas del resto del Caribe. “Los
ejemplos más negativos se encuentran en los hoteles de la corporación
Islazul, controlada por el Estado, la cual administra los centros de
menor categoría a lo largo de la isla. Casi todas son instalaciones
construidas durante la etapa del capitalismo o en tiempos de la Unión
Soviética, bajo el estilo del este europeo”, explica Manuel, un
“touroperador” por cuenta propia que por años trabajó en varios
complejos turísticos regentados por el gobierno. “Si en algo coinciden
la mayoría de los viajeros que atiendo -incluso los que regresan
satisfechos a sus países- es que aquí no hay prácticamente ningún hotel
al que no se le pueda quitar al menos una de las estrellas que tiene. Y
lo dicen tanto por las condiciones que presentan como por la calidad de
sus servicios”.

Quejas que se repiten
Habitaciones sucias y con muebles viejos y desvencijados, áreas comunes
descuidadas y muy reducidas opciones gastronómicas forman parte del
rosario de quejas que habitualmente van dejando a su paso quienes
escogen la isla como destino. “La infraestructura hotelera cubana, una
vez que se sale de los núcleos de La Habana, Santiago de Cuba, Varadero
o los Cayos, necesita una revisión urgente”, opinaba en uno de los foros
sobre el tema Roberto González, un santacrucero que en abril del 2016
valoraba su estancia en el Hotel Camagüey, uno de los más importantes de
la tercera ciudad de la Isla. Para reafirmar su impresión solo basta
traer a colación un hecho: cuando en octubre la esposa del
exvicepresidente norteamericano, Jill Biden, visitó la ciudad, fue
necesario hospedarla en uno de los pequeños hostales de la cadena
Encanto, una suerte de B&B de lujo que han ido abriendo sus puertas para
intentar suplir la demanda de clientes con mayor nivel de exigencia.
Ninguna de las instalaciones mayores de la urbe supera la categoría de
tres estrellas.
El asunto se complica por la baja calificación y el desinterés que
muestra una parte apreciable de la fuerza de trabajo del sector,
problema que ha reconocido -implícitamente, por supuesto- el ministro
Manuel Marrero Cruz. Para hacerle frente, se busca “elevar la
calificación y selectividad de quienes se incorporan a prestar servicios
o quienes ya lo hacen”.
Pero lograr una verdadera cultura del detalle está lejos de ser una meta
coronada, considera el periodista uruguayo Fernando Ravsberg, residente
en la isla desde hace años. En una crónica publicada en su seguido blog
‘Cartas desde Cuba’ narra como durante una visita al Hotel Comodoro, en
la ciudad de La Habana, pudo apreciar como el mismo “estaba lleno de
turistas pero el ascensor no funcionaba, las TV de las habitaciones
habían ‘perdido’ los mandos a distancia y no había ni una gota de agua
para bañarse o descargar los sanitarios”. Tras detallar una larga lista
de deficiencias que abarcaban desde goteras hasta habitaciones sin
arreglar y un solo encargado para atender todas las quejas de los
huéspedes, su conclusión resulta lapidaria: “Estas tristes realidades no
aparecen en los noticieros de la TV, en los periódicos nacionales ni en
los discursos del Ministerio de Turismo pero son las que van a
determinar que, pasado el ‘boom’ por visitar Cuba, los turistas regresen
a la isla o digan “nunca más””.

Con un crecimiento que en el último año alcanzó el 14% y le permitió
superar por primera vez la barrera de los cuatro millones de turistas
internacionales, en Cuba todos los conocedores del tema tienen claro que
sin capital y asesoramiento foráneos el país no llegará mucho más allá.
Por eso la nueva Ley para la Inversión Extranjera contempla como una de
sus prioridades la industria del ocio, el ramo que desde inicios de los
noventas del pasado siglo se ha mantenido como motor de la economía
local y que ha tenido siempre a las empresas españolas como sus
principales impulsoras.
Actualmente diez cadenas hispanas marcan el paso. Entre todas, Meliá
Hotels International y Hoteles Iberostar son las punteras, con 25 y 10
instalaciones, respectivamente, y presencia en todos los polos
turísticos de alguna significación. De sus carteras forman parte centros
tan emblemáticos como el Cohíba y el Parque Central, pero las
potencialidades del mercado local están lejos de haberse agotado,
señalaba a comienzos del 2016 Gabriel Escarrer Jaume, vicepresidente y
consejero delegado Meliá. “Nuestra empresa contará en 2018 con 30
hoteles en la isla y más de 15.000 habitaciones. Seguimos creyendo en
esta auténtica ‘perla del Caribe’, y nos sentimos orgullosos de poder
formar parte de su pasado, presente, y futuro turístico”.
El compromiso de la compañía que representa, y de otras que ya dominan
buena parte del sector, puede resultar decisivo para que el rostro menos
glamuroso del turismo cubano vaya perdiendo sus sombras y que las más de
110.000 habitaciones a que aspira a llegar para el 2030 sean muy
distintas a las que hoy aguardan a sus visitantes en muchos puntos de la
Isla.

Source: Cuartos sucios y mala atención: así son los hoteles de Cuba (que
España puede cambiar). Noticias de Mundo –
www.elconfidencial.com/mundo/2017-02-06/hoteles-cuba-espana-turismo-raul-castro-inversion_1323868/


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