Informacion economica sobre Cuba

El ‘timo’ de la clínica cubana de Aute: 12.000 euros al mes por terapias
disponibles en España

Neurólogos españoles descartan que ningún tratamiento ofrecido en
el Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN), sea
exclusivo de este elitista centro de recuperación.
AINHOA IRIBERRI @airiberri
05.02.2017 01:48 h.

NEUROLOGÍA CARDIOLOGÍA ACCIDENTES SALUD PÚBLICA CUBA LUIS EDUARDO AUTE
Aunque ya ha regresado a España, donde continúa su recuperación en la
Clínica Ruber, el cantautor Luis Eduardo Aute pasó parte de los meses de
diciembre y enero en un complejo médico a 7.500 kilómetros de su casa,
el Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN). Según se
supo, la decisión obedecía a la recomendación de su amigo y también
cantante y compositor Silvio Rodríguez.

El CIREN es toda una institución en Cuba, la joya de la sanidad de uno
de los últimos bastiones del comunismo. Creado en 1989, se definen en su
web como “una institución científico-médica de avanzada [sic] con un
área y programas de investigaciones básicas que aportan nuevos
conocimientos e introducen y desarrollan tecnologías en el ámbito de las
neurociencias; y un área asistencial cuyos dos programas terapéuticos
originales: de Restauración Neurológica y de Restauración Biológica
General, han atendido con enfoques novedosos y reconocido éxito a miles
de pacientes procedentes de decenas de países de todos los continentes”.

Si bien esta definición no se puede considerar mentira, sí que peca de
exageración. Es algo habitual en muchos centros privados del mundo; al
fin y al cabo, hay que conseguir clientes. Si bien es cierto que el
CIREN ofrece terapias avaladas según su eficacia para distintas
patologías neurológicas, también oferta otras definidas como
pseudociencia como la terapia floral de Bach, la homeopatía y algunas
más cuya efectividad no está lo suficientemente demostrada, como la
magnetoterapia y la ozonoterapia.

Se trata de tratamientos que, además, están disponibles en centros
españoles, tanto los más avalados por la ciencia como los que no lo
están (algo más habitual en centros privados). Desde la Sociedad
Española de Neurología afirman que no tienen constancia de que en Cuba
se sigan otras técnicas distintas a las de España.

El neurólogo del Hospital Clínico de Madrid José Antonio Egido destaca
que lo más importante para recuperarse de un infarto cerebral (algunas
fuentes hablan de que Aute sufrió un infarto de miocardio, pero su
traslado al CIREN y su manejo por parte de neurólogos hace sospechar que
sufriera también un ictus) es la precocidad en su manejo y, cuando se
llega al período de rehabilitación, “la constancia y la organización”.

Egido, que quiere dejar claro que Cuba es “un país estupendo” no entra a
valorar el centro en concreto, pero aclara que “no existen técnicas
milagrosas” que se puedan aplicar en el país caribeño y no en España.
“Mi consejo para una persona que padece un infarto cerebral es que acuda
rápidamente a un centro con unidad de ictus y, después, a un centro
especializado en recuperación, que hay muchos en España, públicos y
privados”. Como muestra, el especialista cita dos: el Centro de
Referencia Estatal de Atención al Daño Cerebral (CEADAC) y otro llamado
Dacer.

EL PRECIO DE UNA ESPERANZA

Viendo la página web de CIREN -este diario se ha puesto en contacto
telefónico con el centro, que pidió un requerimiento por correo
electrónico que no había sido respondido al cierre de esta edición-
queda claro que se trata de instalaciones con un nivel médico bueno, con
profesionales formados y 141 publicaciones en la literatura científica
según la base de datos PubMed (no todas sobre práctica clínica).

Además, aunque incluyen terapias pseudocientíficas no las sitúan en el
centro de sus tratamientos y abogan específicamente contra el fraude las
células madre, que centros extranjeros, mayoritariamente en China,
ofrecen como alternativa de rehabilitación neurológica sin ninguna base
científica. “Hasta el momento las investigaciones no han demostrado que
el tratamiento con células madres sea más efectivo que otras
intervenciones actuales como la cirugía funcional. Los trabajos actuales
con células madres se restringen al área de la investigación, por lo que
en nuestro centro no están disponibles para el tratamiento regular”, se
puede leer.

La pregunta que se plantea es, sin embargo, hasta qué punto merece esa
atención también disponible según los expertos en España el precio que
cuesta. La web del CIREM es muy transparente en este sentido, así que
cualquiera que acuda al centro cubano sabe lo que le va a costar más
allá del desplazamiento a la isla.

Para ciudadanos españoles, el centro advierte: “Para el cálculo del
precio total de estos primeros 35 días, se deben considerar no menos de
12,906.00 pesos convertibles cubanos”. Al cambio, hablamos de 11.989
euros. No todo es atribuible al tratamiento; el paciente ha de viajar
con un acompañante, que se alojará también en alguna de las 11
residencias con 104 camas que componen el área denominada “de la
Neurovilla”. El coste del alojamiento diario del familiar o amigo que
viaje con el paciente asciendo a 50 euros, por lo que hay que sumar
alrededor de 1.800 euros al precio del tratamiento.

El abono de las tarifas se puede hacer en efectivo, en pesos
convertibles cubanos, por transferencia o con tarjeta de crédito”cuyos
fondos no estén depositados en bancos norteamericanos o con intereses
norteamericanos, ya que en tal caso no funcionan desde Cuba”.

El precio para ciudadanos de Ameríca Latina “y otros países del tercer
mundo” es ligeramente inferior y asciende por una estancia de 35 días a
10.974 euros. Los costes pueden aumentar, como advierten también en la
web del centro: “Sugerimos dispongan de recursos financieros adicionales
para sufragar otros posibles gastos, según el caso, tales como: cirugías
complementarias, órtesis, medicamentos y otros servicios médicos que
pudieran interesarle, tanto al paciente como al acompañante, así como de
teléfono, fax, Caja de Seguridad, cambios de fecha de boletos aéreos,
taxis o compras generales, entre otros opcionales, y en todos los casos:
actualización del visado, impuesto de salida”.

LA EXPERIENCIA DE UNA ESPAÑOLA

Luis Eduardo Aute no es el único español que ha optado por viajar al
centro cubano para tratar de superar una enfermedad neurológica. Hasta
ahora, 316 pacientes españoles han hecho lo mismo, convirtiendo al
nuestro en el primer país emisor de europeos al CIREN, seguido de cerca
por Italia. A nivel mundial, el ranking lo lidera Venezuela, que ha
mandado a 2.878 a las instalaciones del centro. Curiosamente, 87
ciudadanos estadounidenses han recibido también cuidados en el centro.

En abril de 2004, la cordobesa Paloma Castro viajó con su madre al
CIREN. Lo hizo, comenta a EL ESPAÑOL, porque amigos cubanos le habían
hablado de la excelencias del centro. Estuvo allí un mes y, aunque no
recuerda exactamente cuánto pagaron, lo cifra en alrededor de 6.000
euros. “Nosotros somos una familia de clase media, hicimos un esfuerzo”,
comenta.

Su madre, fallecida en 2006, padecía una enfermedad neurológica
-parálisis supranuclear progresiva- sin tratamiento curativo, o al menos
es lo que le habían dicho en España, donde la atención varió a lo largo
de los años. Como en otras enfermedades neurodegenerativas, el
diagnóstico tardó en llegar y el pronóstico cambiaba de un médico a
otro. “El primer neurólogo nos habló de dos años de vida y un segundo
que consultamos en Madrid lo amplió; al final vivió siete años”, comenta
Castro, que reconoce que era algo escéptica cuando decidió viajar a la
isla. Lo que más le atrajo del CIREN: el hecho de que dispusieran de un
tratamiento diseñado específicamente para la enfermedad.

Castro es cautelosa a la hora de criticar el centro, del que cree que
hay muchas cosas que España “debería imitar”. “No le diría a nadie
definitivamente que no fuera, pero tampoco le recomendaría que se
endeudara para acudir allí”, añade.

La empresaria -directora de la empresa Hanan-pacha- reconoce que su
madre mejoró durante el mes que estuvo en el centro, aunque destaca que
“no es la panacea”. “Gran parte de la mejora se debe atribuir al trabajo
que hacen los pacientes, no hay nada milagroso”, subraya. Lo que más
destaca del centro es la organización de la jornada de los días
laborables, que comenzaba a primera hora con la visita de un amplio
equipo médico y se completaba con la administración de los distintos
tratamientos, desde logopedia, a reflexoterapia y ozonoterapia. “Era un
nivel de actividad con el que te estaban estimulando las neuronas todo
el día”, recuerda. “Es un elemento que habría que aprender”.

LOS PROS Y LOS CONTRAS

Castro también destaca la preparación y amabilidad de casi todo el
personal. “Había algunos jefes médicos endiosados, pero los enfermeros
eran maravillosos”, rememora. También habla de algunas características
positivas más inherentes al carácter cubano. “Recuerdo que en España la
gente miraba mal a mi madre, por ejemplo cuando por su enfermedad
tardaba mucho en sacar las monedas del monedero”, comenta. “Allí, tres o
cuatro personas venían a decirle cada día lo bien que la veían y lo que
estaba mejorando”, recalca.

Sin embargo, considera que el centro es “un sacaperras para extranjeros
de Europa” y apunta a que, durante su estancia allí, se quejó de que los
latinoamericanos pagaran menos. “Me parece bien que subvencionemos a
gente que no tiene dinero, pero recuerdo a la hija de un magnate
hotelero mexicano que tenía incluso servicio y que pagaba menos que
nosotras. Si vas a redistribuir la riqueza, que el parámetro sea el
nivel de ingresos, no la nacionalidad”, reflexiona.

En el tiempo que su madre se trató en el CIREN, Paloma vio sobre todo a
venezolanos (“había muchísimos”), argentinos y chilenos. No coincidió
con ningún español y vio a pocos cubanos. “Yo creo que recibían
tratamiento ambulatorio, aunque alguno había ingresado”, apunta.

Para Castro, ni la tecnología ni las instalaciones permitían pensar que
los responsables del centro se gastaban todo el dinero que les cobraban.
Además, no puede evitar mencionar las comidas. “Casi todos los días te
ponían frijoles con arroz, a veces con bichos. También una loncha de una
especie de mortadela; a veces daba pena ver la cara que ponía mi madre”,
recuerda y señala como acabaron saliendo a comer por los alrededores con
otros pacientes, pagándolo de su bolsillo.

La sensación final: “Fue muy caro para lo que era y te lo vendían muy
bien. Te lo ponen mejor de lo que realmente es y gran parte de la mejora
es porque la persona trabaja mucho y porque la atención es muy
personalizada”. “Pero sí que hay cosas que aprender de ese centro”,
concluye.

Source: El ‘timo’ de la clínica cubana de Aute: 12.000 euros al mes por
terapias disponibles en España –
www.elespanol.com/ciencia/salud/20170203/190981958_0.html


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