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Maderas Mayarí o cómo se destruye una empresa
OSMEL RAMÍREZ ÁLVAREZ | Holguín | 4 de Febrero de 2017 – 09:58 CET.

Una de las empresas emblemáticas de Mayarí, Holguín, es MADEMA (Maderas
Mayarí), entre las más grandes de su tipo en el país. Posee un combinado
que procesa la madera burdamente, talleres que producen productos
acabados de tipo rústico, plantaciones y viveros de café, y unidades
silvícolas en las montañas de las sierras Nipe y Cristal. Cerca de 1.000
obreros se encargan de hacer funcionar las unidades.

Una planta para producir madera artificial a partir de desechos aún se
yergue inconclusa, paralizada su construcción desde inicios de los 90.
Una más de esas inversiones inmóviles por décadas que nadie comprende,
porque el producto tendría mercado seguro incluso dentro del país.

Hace un lustro terminó para Maderas Mayarí (nombre comercial que se ha
dado a Forestal Integral Mayarí) una década de aparente florecimiento
económico. Aunque el café ya estaba deprimido, la madera estaba siendo
una verdadera mina de oro. Al recibir equipamiento nuevo y poner en
práctica el “perfeccionamiento empresarial” implementado por el
defenestrado Carlos Lage (con pago por resultados y cuotas de divisas),
hubo un boom productivo. Y ese boom llegó, en una medida aceptable, al
bolsillo de los trabajadores y al confort de los jefes (carros, oficinas
remozadas y climatizadas, almuerzos proteicos, etc.).

Todo parecía halagüeño y una cantera de jóvenes aspiraba a trabajar en
la empresa. Pero, ya en esa época, algunos elementos llevaban a pensar
que no era sólida ni sostenible la eficiencia que mostraba.

La principal reserva de madera eran los Pinares de Mayarí y el proceso
de talado y extracción iba, a todas luces, más rápido que el de
reforestación. En la repoblación no había un plan eficaz. Se estaba
procesando madera de bosques que eran fruto de la maratónica
reforestación que hubo en las primeras décadas de la Revolución. Como
beneficio, esos trabajos anteriores y casi siempre voluntarios no
entraban en la contabilidad de la empresa como una inversión realizada.
Todo era ganancias.

Al agotarse esos bosques de acceso factible en la meseta de Pinares de
Mayarí, los responsables de MADEMA tuvieron que acudir a otros,
naturales o reforestados, en áreas más intrincadas. Nuevo equipamiento
se necesitaba entonces. Sin embargo, según la práctica del centralismo
férreo, no fueron representantes de la empresa quienes viajaron a Rusia
a buscar los equipos, sino funcionarios de Comercio Exterior.

La maquinaria que compraron fue inservible en las nuevas condiciones y
ese fue otro factor en el declive. Por otro lado, las nuevas
plantaciones demoraban en suplir las deforestadas por no existir una
estrategia inversionista bien estructurada. El cuadro se agravaba y la
empresa comenzó a recortar salarios y prestaciones.

Ahí fue cuando salieron a relucir todos los puntos débiles, cuando el
superávit del negocio con la madera comenzó a mermar. El café era un
desastre: después de intervenir (robar) el Estado decenas de miles de
hectáreas a sus dueños con la Reforma Agraria y la estatalización,
terminaron abandonadas la mayoría de las fincas de montañas y cubiertas
por la maleza. Solo en Pinares de Mayarí, bajo los bosques de pinos y en
terreno cómodo por ser una meseta, plantaron café o lo preservaron. Aun
así, cuando la tala llegó y se intensificó, los cafetales no fueron
protegidos y se destruyeron por la visión estrecha de solo preocuparse
por la muy rentable madera.

Los pobladores de la zona perciben la destrucción de los cafetales como
un crimen igual al de la destrucción del central azucarero de la
localidad (Guatemala), o de la fábrica procesadora de níquel en Nicaro
(oeste del municipio). Esta última empresa, caída en desgracia, tiene
posibilidades millonarias abandonadas en los mismos Pinares, pues bajo
las raíces de los pinos y del café están grandes yacimientos de hierro,
níquel, cobalto y cromo ahora ociosos.

MADEMA no es una excepción, es más bien una empresa típicamente
socialista al estilo cubano: no hay un liderazgo real, natural, sino
impuesto por el Gobierno y ajeno. Como toda empresa en Cuba, no tiene
tampoco autonomía, ni maneja sus presupuestos ni decide sus inversiones:
debe esperar órdenes y recursos asignados desde el nivel central.

Aun ganando millones, una empresa cubana puede perfectamente parar por
algo que cueste unos pocos dólares y tener que esperar al otro año a que
le sitúen fondos con ese propósito preciso. Si le sobra asignación
dirigida a otra inversión, no pude variar su destino para resolver otros
problemas como la lógica más simple aconsejaría.

Lejos de ser una rareza, Maderas Mayarí es un caso típico en la economía
cubana: el estancamiento es normal.

Source: Maderas Mayarí o cómo se destruye una empresa | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1486057301_28627.html


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