Informacion economica sobre Cuba

De rebajas y reventas, empresas y revendedores en Cuba
Marzo 22, 2017
Alexánder Londres

HAVANA TIMES — Todo comienza con una orden “de arriba”. Después vienen
el papeleo y los preparativos nocturnos. Al otro día, desde bien
temprano, la algarabía, el despelote, la aglomeración… No es una
operación encubierta, es que habrá rebaja.

Cada cierto tiempo, por política que se ajusta a la jurisdicción de los
ministerios de Finanzas y Precios, y del Comercio Interior, las
dependencias de las Tiendas Recaudadoras de Divisas, y las
pertenecientes a la corporación Cimex, acatan la determinación
centralizada de disminuir en un por ciento el valor de oferta de ciertos
bienes de consumo de acuerdo con las conveniencias económicas y otros
factores de índole comercial (estancamiento, fecha de caducidad, etc).

Generalmente, cuando la reducción de precios es en el área de la canasta
básica alimenticia, artículos del hogar, o de aseo -los renglones más
demandados por la familia cubana-, es el momento oportuno para que los
hípercriticados y desdeñados revendedores entren en acción, abarroten
los comercios, armen el jaleo y el bullicio en colas enormes, y cual
depredadores, agoten la existencia del producto rebajado, cualquiera que
sea.

Suceso que, por lo habitual de su ocurrencia, ya pasa como normal ante
la mirada pública. Harto conocido por las autoridades, y que, por
momentos, se ha intentado frenar mediante el establecimiento de límites
en la cuantía de la compra. Una medida hasta cierto punto
contraproducente, pues el súper objetivo de toda unidad comercial es
vender, no regular la venta. Pero que, no obstante, teniendo en cuenta
las peculiaridades sociales de Cuba, se ha puesto en práctica –para
defender las conquistas del país, explican los entendidos-. Acción
contra el acaparamiento –otro nombre que adopta el hecho-, que, a decir
verdad, pocas veces ha surtido el efecto deseado: los revendedores
continúan haciendo de las suyas contra viento y marea, entregados en
cuerpo y alma al trapicheo y a la ganancia fácil.

En definitiva, con o sin tope en la compra, lo cierto es que prosigue el
ajuste de altas cuentas –precios varias veces mayores que los
originales-, que al final de la historia y del largo recorrido del
producto
(productores-distribuidores-comercializadores-tiendas-revendedores)
tiene que pagar la población realmente necesitada, la que no se enteró a
tiempo de la “depreciación”, o que simplemente no alcanzó a comprar
porque la cantidad que sacaron era muy poca.

Nadie ha podido aún explicar científicamente cómo, pero los revendedores
siempre son los primeros en enterarse de la rebaja. Imagino que deben
contar con la red de comunicación más infalible, mejor articulada y
actualizada del país. ¿O será que se valen de fugas “accidentales” de
información, provocadas por algún “desinteresado” trabajador de la
instalación comercial? ¿Quién podría decirlo con exactitud?

“Ha sucedido, incluso -comenta Orlando, dependiente de una tienda-, que
los propios revendedores llevan una especie de registro, donde tienen en
cuenta el período de tres meses dentro del cual un producto puede ser
rebajado, y basándose en esa información, ellos mismos exigen la rebaja.”

Lo que sí es evidente es que estos negociantes callejeros no se
detienen, y a propósito, se la ponen bien difícil -aunque también le
proporcionan amplio contenido de trabajo- al “aguerrido y virtuoso”
cuerpo de inspectores integrales con que se cuenta, logrando en la
mayoría de los casos, evadirlos magistralmente–o sobornarlos para que
miren hacia otro lado-y así dar riendas sueltas a su comercio ilícito,
despreocupadamente.

Me pregunto si habrá alguna forma efectiva de ponerle coto a la “lucha”
de estos individuos, que, aunque es innegable que ponen empeño y
dedicación en lo que hacen, tampoco puede negarse que no es la más
cándida o sana de las formas de ganarse la vida.

Por otra parte, y teniendo en cuenta que los índices de desempleo que se
manejan en Cuba son tan discretos, resultaría curioso saber cuál
categoría de empleo les corresponde a estos ¿trabajadores? que operan
sin un adecuado estatus legal. ¿Son empleados no estatales del sector no
privado? ¿O figuran como desempleados?

Sería interesante, además, que en el próximo censo de población se
aplicara algún instrumento para conocer, lo más cercano a la realidad
posible, la cifra y el por ciento que representan en las ciudades esa
gran cantidad de luchadoras y luchadores del mundo de las reventas, que
pululan por las calles, vendiendo de todo.Y así, proceder luego a
cuantificar los beneficios que a nivel social reciben esos populares
personajes, que, dicho sea, de paso, son los mismos a los que tienen
derecho los profesionales, los obreros y el pueblo trabajador que aporta
honradamente a la sostenibilidad y al desarrollo socioeconómico de esta
isla.

Tal vez, de esa manera, dato en mano, podría compelerse a las
autoridades (in)competentes, a tomar mayores cartas en el asunto -como
acto más contundente de protección al consumidor, si se quiere- siempre
en defensa de esos otros cubanos, la mayoría, sin duda, que sin
exprimirles los bolsillos a los demás, también buscan y encuentran
formas alternativas para seguir adelante, en lucha cotidiana por la
subsistencia.

Source: De rebajas y reventas, empresas y revendedores en Cuba – Havana
Times en español – www.havanatimes.org/sp/?p=122389


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