Informacion economica sobre Cuba

El conflicto de los taxistas particulares en Cuba: ¿qué piensan de todo
esto los boteros?
marzo 01, 2017
Eduardo Martínez Rodríguez (Emaro)

En el debate público sobre las medidas contra los transportistas
privados en Cuba estos no pueden exponer sus demandas y problemas en los
medios oficiales. El botero “por la izquierda” Eduardo Martínez
Rodríguez (Emaro) lo hizo en el semanario alternativo Primavera Digital.
Parece que de todas formas, el gobierno no entiende. En realidad, nunca
ha entendido.

Han vuelto a las mismas de meses atrás en cuanto a los precios y las
formas de operar de los taxistas privados, conocidos como boteros.

Seguramente alguien encumbrado ?lo cual dudo pues estos personajes
tienen varios autos a su disposición con más que suficiente combustible?
o algunas personas de a pie cercanas a estos anteriores, se han quejado
de nuevo de que los boteros están cobrando de más.

Todo aquí está al revés. Por eso en esta nación nada sale bien desde
hace 58 años.

No todos los taxis son iguales

En Cuba existen varios tipos de taxis, unos carísimos, que cobran
siempre en cuc, propiedad del gobierno con diversas modalidades de
laboreo y autos bastante modernos desactivados de la renta, pero de esos
no les voy a hablar, pues no se mencionan en las nuevas disposiciones
leoninas.

Los llamados boteros son simples taxistas privados, con coches privados,
en su inmensa mayoría autos extremadamente viejos y siempre muy
deteriorados, casi sin excepción norteamericanos, construidos en los
años 1950 e incluso en los 1940.

A estos autos enormes les han sido sustituidos los motores por otros que
usan combustible diesel, generalmente motores reacondicionados
provenientes de camiones o camionetas estatales dados de baja por
deterioro o cambalache.

Tienen capacidad para siete u ocho pasajeros, incluso diez, pues espacio
sobra. A veces incluso alargan la carrocería o el techo, refuerzan las
suspensiones, los frenos, la transmisión, el diferencial, aumentan el
tamaño de los neumáticos y las llantas, acomodan más luces, y finalmente
adaptan un claxon ensordecedor para quitar a los tímidos del camino. A
estos les llamamos tanques de guerra. Algunos incluso intimidan.

Estos taxis generalmente siguen una ruta determinada, muy conocida y de
alta demanda, siempre con tarifas más o menos fijas de diez o veinte
pesos, no importa la distancia, en el recorrido habitual. Son taxis
colectivos, comunistas. Estos son los afectados.

Existen otros taxis boteros con autos más pequeños, europeos, tan
antiguos como los anteriores, además de Ladas, Moskovichs y otros, todos
con motores de gasolina. Estos no hacen recorridos, sino que se
estacionan en alguna piquera de origen espontáneo según la demanda, por
lo general compitiendo con los taxis amarillos y negros del estado (casi
todos Ladas muy veteranos y mal conservados), pero en cup (no para
turistas).

Estos vehículos con motores de gasolina y menor capacidad no pueden
rodar sin clientes, pues no habría plusvalía, ganancia.

Muchos de estos taxistas privados operan sin licencia y de forma irregular.

El combustible a precio razonable está perdido

Los carros que utilizan combustible diesel tienen que tener licencia
pues siempre están en las mismas rutas y los policías e inspectores los
pueden detectar y detener fácilmente.

Cuando usted adquiere una licencia como botero le colocan una pegatina
en el parabrisas, además de entregarle otros papeles que tiene que
llevar encima y amenazarlo un poco con lo que no puede hacer.

Años atrás los muchachos que conducen los boteros tanques de guerra, que
no siempre son sus propietarios, adquirían el diesel de contrabando a un
precio inicial de tres pesos el litro o entre ocho y diez antes de la
crisis.

El diesel es mucho más barato, pues abundaba en el mercado negro
proveniente de los vehículosestatales -camiones, ómnibus, locomotoras e
incluso barcos.

La gasolina resulta mucho más cara en el mercado negro porque los
vehículos que la utilizan consumen muy poco y sus capacidades en el
tanque son pequeñas. La gasolina de contrabando está casi al mismo
precio que en las gasolineras estatales. Un litro de cualquier
combustible cuesta aproximadamente un cuc, o veinticinco pesos, que es
dos veces el salario del día de un obrero.

A mediados del año 2016 el Estado comenzó a confrontar problemas con el
petróleo de Venezuela, ya que esa nación se ve en problemas para
continuar regalando a Cuba más de 100 000 barriles diarios y hubo que
traerlo de Rusia. Entonces, el gobierno cortó a la mitad todas las
cuotas de combustibles a todas las empresas e instituciones de su
propiedad. No se puede robar mucho ahora, pues el combustible que
asignan no alcanza ni para trabajar lo normal, o lo poco que se hace.

En la empresa de un vecino mío fueron asignados dos autos chinos
eléctricos de donación, a prueba, con una autonomía de 250 kilómetros
por carga de la batería y ningún chofer los quería pues no tenían
“búsqueda”.

El combustible diesel comenzó a escasear y los boteros se vieron
obligados a comprarlo en las gasolineras llamadas Cupet a un cuc el litro.

Precios y rentabilidad

Cobrar diez pesos no es rentable. Usted no puede cobrar veinte pesos por
pasajero desde Santiago de las Vegas hasta el Parque Central, por
ejemplo, porque el coche le consumirá tres litros, más o menos, tres
cuc. Usted colecta 140 pesos (siete asientos) o algo más de cinco cuc.
Le quedan dos o tres pesos, que no pagan el desgaste de los carísimos
neumáticos, el alto consumo del difícil de encontrar aceite lubricante
del motor y otras partes, la depreciación del vehículo que en un año se
destruye totalmente debido al pésimo estado de las avenidas y peor de
las calles. ¿Y con qué se queda usted?

¿Se ha preguntado cuánto vale diez o doce horas tras un pesado timón
dentro de un extremadamente caluroso y ruidoso vehículo, como un tanque
de guerra? Usted termina exhausto.

Muchos de estos choferes no son los propietarios y tienen que entregar a
los verdaderos dueños unos cincuenta cuc al día, el resto es de ellos.

¿Qué cómo lo hacen? No sé.

Los dueños tienen que correr con los recambios y los difíciles
neumáticos nuevos, así como con el pago de los muy altos impuestos por
las licencias, etc.

Entonces, tras probablemente escuchar algunos reclamos de algunos
trasnochados pasajeros quienes suponen que les han cobrado de más,
generan nuevos reglamentos y medidas coercitivas para intentar paliar la
situación.

¿Quién se fastidia al final?

El gobierno alega que los precios de los combustibles no han subido en
el último año. Es verdad, pero también todos los funcionarios conocen al
dedillo esto que les acabo de explicar, que los boteros no adquieren, no
pueden, adquirir el combustible en las gasolineras estatales, pues no
les generaría ganancias.

Fijar los precios es un absurdo, pues en primer lugar es un negocio
privado y usted cobra lo que se le ocurra, el cliente lo acepta o lo deja.

El Estado no aporta absolutamente nada para este tipo de labor, no
facilita ninguna pieza, o combustible más barato, nada.

Incluso los famosos chapistas cubanos ya pueden obtener licencias para
reconstruir los autos, pero en ninguna parte de esta isla les venden
legalmente los materiales como el oxígeno y el acetileno, a pesar de que
desde hace años lo anuncian. Imagínese cómo lo hacen estos magos de las
carrocerías.

El Estado solo impone restricciones. Es a lo que está acostumbrado, la
solución más fácil y no requiere de inversiones. Lanza a la calle un
ejército de inspectores y policías a imponer exageradas multas, e
incluso amenazan con decomisar los vehículos.

Es diametralmente lo contrario de lo que deberían hacer, facilitar esta
labor que transporta a la inmensa mayoría de los nacionales, pues el
transporte urbano, de propiedad estatal, se mantiene marcadamente
ineficiente, siempre lo ha sido. En las ciudades del interior del país
el transporte urbano, intermunicipal, interprovincial, lo realizan
camiones privados con sesenta años o más de buen uso. Se ven pocos
ómnibus y casi siempre en mal estado.

Lanzar precios fijos obligatorios para los diversos tramos, para lo cual
no existe ningún reglamento, código o acuerdo gremial, etc., con la
amenaza incluso de decomisar los vehículos, como lo ha hecho el
gobierno, solo traerá una consecuencia: los boteros se irán de
vacaciones hasta que pase la tormenta. Si los obligan a pagar los
impuestos a pesar de no estar rodando en las calles, pues entregarán sus
licencias.

¿Quién se fastidia al final? El pueblo, los de a pie que no cuentan con
autos y quienes tendrán que vérselas con las escasas guaguas, con su
apretujadera, los malos olores, el calor y los carteristas. Así ha sido
eternamente: paga Liborio.

Este gobierno siempre hace exactamente lo contrario a lo que la lógica
indica y genera lo que nadie quiere: más problemas.

Pudieron haber hecho algo bueno cuando comenzaron a vender coches nuevos
o de segunda mano, pero se equivocaron en los exorbitantes precios.

Sientan un desmoralizador precedente. Hagan lo que yo digo, no lo que yo
hago, parecen decir. Ellos sí pueden tener ganancias, los boteros no.

¿Quién le pone el cascabel al gato?

[Este artículo de Eduardo Martínez Rodríguez fue publicado originalmente
en Primavera Digital No. 469, 02/23/2017]

Source: El conflicto de los taxistas particulares en Cuba: ¿qué piensan
de todo esto los boteros? –
www.martinoticias.com/a/y-que-piensan-de-todo-esto-los-boteros/140231.html


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