Informacion economica sobre Cuba

La Habana Vieja, rodeada de negocios clandestinos, glamour y pobreza
21 de marzo de 2017 – 21:03 – Por IVÁN GARCÍA

Al igual que hay dos formas posibles de ganar dinero, dentro de la ley o
fuera de ella, también hay distintos niveles de vida en la capital
cubana que definitivamente presenta dos rostros a los visitantes

LA HABANA.- Cuando cae la noche, no es aconsejable andar por
determinados tramos de la geografía habanera como el comprendido desde
el parque El Curita, en la intercepción de las calles Reina y Galiano,
hasta la esquina de Monte y Cienfuegos.

Además del desagradable olor de las aguas albañales que corren por las
calles, verá edificios apuntalados, mendigos y borrachos tirados en los
portales, jineteras baratas y marginales de ocasión a la caza de incautos.

Más de 10.000 compatriotas de las provincias orientales que huyen de la
miseria residen ilegalmente en La Habana. Es el caso de Zenaida, una
santiaguera que con un bolso lleno de cucuruchos de maní y chicharrones
de viento, a paso lento camina hasta una habitación desvencijada en una
cuartería de la calle O’Relly, donde vive alquilada.

Allí, bajo la luz de un bombillo incandescente, carga varios cubos de
agua y espera su turno para bañarse en uno de los tres baños colectivos
del solar. Luego recalienta la comida, enciende el antiguo televisor
chino y espera que llegue su hijo de 22 años, que se busca la vida
pedaleando 12 horas en un bicitaxi.

“Así es vivir en la miseria: comer mal y ganar unos pesos para
sobrevivir en la boca del lobo. Sí, porque en esta zona de La Habana hay
que ser un lince si quieres hacer un poco de plata”, dice Zenaida,
sentada en un sillón de hierro.

Pese a todo, no se queja. “En Santiago de Cuba estábamos peor. El abasto
de agua en las afueras de la ciudad es cada 40 días y el dinero está
perdido. Al menos en la capital, aunque viviendo como animales, se puede
hacer dinero suficiente para comer y enviarles detergente y ropa a los
parientes en Oriente. Si fuera más joven, estuviera puteando como
algunas mujeres del solar. Pero ya no estoy para esos trotes”, confiesa
Zenaida.

La parte antigua de la ciudad es un entramado de callejuelas estrechas
con el asfalto reventado y edificios deteriorados y en ella residen
cubanos que piensan dos veces más rápido que el resto de los ciudadanos.

Aquí las ilegalidades no están a la sombra. Cualquier vecino conoce
quién vende marihuana importada, cocaína trasegada de un recalo en las
costas o por pesos convertibles alquila media hora en una habitación de
su casa, para que un cliente ‘mate jugada’ con un prostituta que cobra
en moneda nacional.

Justo frente al Gran Hotel Manzana Kempinski, antaño Manzana de Gómez,
próximo a inaugurarse, varios ómnibus de color azul y amplios ventanales
recogen en el Parque Central a más de un centenar de obreros de la India
que dan los toques finales al primer hotel cinco estrellas plus de Cuba.

Sentado en un banco de mármol frente al hotel Kempinski, José Alberto se
pregunta “por qué a un indio le pagan 1,500 dólares al mes y a los
constructores cubanos, sumando los pesos y las divisas, no llegan a 60
dólares”. Y él mismo se responde: “Esta gente (el régimen) no respeta al
pueblo. La Habana de ahora es igual a la de la época de Batista. Hoteles
de lujo para los extranjeros, rodeados de pobreza, putas y tipos que
tienen que pulirla para conseguir cuatro pesos. Lo peor es que esto no
tiene para cuando acabar”.

José Alberto es un comodín perfecto. Igual le recoge dinero a un
banquero de la bolita (ilegal lotería cubana), que hace de parqueador de
automóviles en una paladar de la zona [restaurante privado], que le
llena la cisterna de agua a “tipos macetas del barrio”.

Al amparo de la noche, y sin que lo vean los policías vestidos con
uniformes negros, acompañados de perros pastores alemanes que a esas
horas patrullan las calles, José Alberto le pide dinero a los turistas
de paso. “Los del State (Estados Unidos) son los más generosos y los
japoneses, si les cae bien. Los europeos son los más tacaños”.

La Habana Vieja tiene dos rostros opuestos, distintos niveles de vida y
muchas maneras de ganar dinero, bajo la ley o a espalda de ella. En el
área restaurada por el historiador Eusebio Leal, con sus calles
adoquinadas, edificaciones remozadas e innumerables cafés, restaurantes
y tiendas en moneda dura, el panorama es hermoso.

Dos cuadras más arriba, o más abajo, el paisaje es otro. A la entrada de
pobladas cuarterías, hombres sin camisa, por el calor, parecen estar a
la espera de un milagro. A su alrededor, vecinos gritando, reguetón a
reventar y niños jugando fútbol con tenis rotos y un balón desinflado.

En la calle Chacón, a escasos metros del Museo de la Revolución, en cuyo
patio trasero una guarnición de jóvenes militares custodia como reliquia
el yate Granma y otros trofeos de la delirante epopeya guerrillera de
Fidel Castro, se localizan tres bares elegantes donde turistas beben con
calma mojitos y pican camarones al ajillo.

Cerca, un grupo de chicos, mayoritariamente negros, sentados en el
contén de la acera, aguardan que los forasteros salgan de bares,
restaurantes o paladares, para pedirles dinero, chicles, bolígrafos.

La revolución de los humildes, tan promocionada por los hermanos Castro,
hoy es un eslogan sin sentido para la gente pobre de La Habana Vieja.

Source: La Habana Vieja, rodeada de negocios clandestinos, glamour y
pobreza | Cuba –
www.diariolasamericas.com/america-latina/la-habana-vieja-rodeada-negocios-clandestinos-glamour-y-pobreza-n4117796


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