Informacion economica sobre Cuba

¿Vender o no vender la bandera cubana?
Otra vez el debate sobre su uso en prendas
Martes, abril 25, 2017 | Ana León

LA HABANA, Cuba.- El pasado viernes en la Mesa Redonda volvió a
debatirse si debe aceptarse el uso de la bandera cubana como parte de la
vestimenta cotidiana, evitando así que los insulares, especialmente los
jóvenes, luzcan los atributos de otros países. Tomando como punto de
partida el documental Donde basta con una, la discusión fue enfocada
hacia la proliferación de la bandera norteamericana en cualquier prenda
de vestir.

La tendencia ha ganado mayor visibilidad desde el reinicio de las
relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, lo suficiente como
para preocupar a intelectuales y expertos en humanidades, propaganda,
publicidad e ideología. Es un hecho que la simpatía hacia Estados Unidos
se fortaleció con la visita de Barack Obama, considerado por los cubanos
como la antítesis de Raúl Castro. A partir de su presencia en la Isla,
todo lo “americano” se volvió más atractivo y deseable.

Lo primero que llama la atención del documental es que no aparece un
solo cubano explicando ante las cámaras por qué le gusta usar la bandera
de Estados Unidos. Las opiniones fueron ofrecidas por los especialistas,
quienes descorrieron el velo sobre dos de las problemáticas que hoy
hacen crisis en la sociedad cubana: el sentir patriótico y la percepción
que tenemos de nosotros mismos como nación.

Según los criterios, el uso de la bandera norteamericana en Cuba
responde a factores que abarcan desde la imposición de una moda global
hasta las secretas aspiraciones anexionistas que, de forma consciente o
no, han crecido en la población insular. Tales juicios son acertados,
pero más aún lo es el hecho de que se ha descuidado la producción
simbólica que puede contribuir a afianzar la identidad y el patriotismo
de cada cubano.

Como suele suceder cuando se aplaza por demasiado tiempo la discusión de
un problema grave, ahora todos abogan por tratar de resolverlo con la
controvertida y radical solución de permitir el uso de prendas con la
bandera cubana. “Siempre que sea llevada de manera respetuosa, claro”,
acotó uno de los entrevistados. Pero una vez que la enseña nacional se
instale en el campo de la moda, ¿cómo quedará trazada esa línea de
respeto? ¿Quién decidirá cuál es el modo “apropiado” de usarla? ¿Sería
más aceptable llevarla en una boina que en un sujetador, aunque este
último se halle más cerca del corazón?

La frase es tan ambigua como otras que ya han causado malentendidos de
grandes proporciones y dramáticas consecuencias en la historia de Cuba
posterior a 1959. Los expertos alegan que en el país no se ha invertido
lo suficiente para competir con todo el merchandising cultural que
Estados Unidos despliega en cada rincón del planeta. Todavía Juan Padrón
cree que los niños cubanos no ven los animados de Elpidio Valdés porque
prefieren a Mickey Mouse. Hace veinte años quizás hubiera tenido razón;
pero la realidad es que Estados Unidos genera continuamente íconos
atractivos para la infancia, y hoy es Rayo McQueen el rival del valeroso
mambí que se hizo entrañable para tantas generaciones de cubanos.

El problema, no obstante, va más allá de la publicidad. Desde el punto
de vista simbólico, la bandera norteamericana representa a un país que,
pese a todos sus defectos, mantiene su prominencia en la arena
internacional. Aunque cada cuatro años haya un mandatario distinto en la
Casa Blanca, la bandera es un emblema independiente y superior a las
corrientes políticas que coexisten en Estados Unidos.

En Cuba, por el contrario, pervive una ideología que durante más de 50
años ha hecho creer que sistema político, gobierno y patria son la misma
cosa. Como consecuencia de tal manipulación, el amor por los símbolos
patrios se hace extensivo —por defecto— al gobierno y su doctrina; de
manera que muchos cubanos tienen una percepción confusa de lo que es
amar a la patria y ser leales al régimen.

Uno de los entrevistados expresó que cuando mira la bandera cubana ve a
Fidel y al Che; sin embargo, lo que para él constituye una espontánea
asociación de significantes, para otros es una analogía malsana. Lo que
casi nadie parece tener en cuenta es que antes que Fidel o el Che
nacieran, grandes patriotas habían dado su vida por defender esa bandera.

Permitir que la enseña nacional luzca en prendas de vestir no va a
mitigar el uso de la norteamericana; y es absurdo pretender que ello
exacerbaría el patriotismo resquebrajado por una autocracia que no ha
logrado proveer de bienestar ni independencia económica real al país. El
efecto podría ser, de hecho, contraproducente. Ahora mismo Cuba está de
moda y, con ella, todo su arsenal simbólico. En este contexto la
bandera, lejos de reflejar un sentir patriótico, se convertiría en un
trapo más y cada cubano con vergüenza se vería obligado a soportar a los
vendedores vociferando en cualquier esquina: “Amigo, Cuban flag”,
mientras ofrece a los turistas una playera, boina o vestido con el
principal atributo de la nación.

Si los millones de dólares que el gobierno cubano ha destinado a tantas
movilizaciones descabelladas se hubiesen invertido en potenciar los
símbolos que activan la identidad y el patriotismo de los cubanos, hoy
tuviéramos un gran equipo de pelota, un plantel de dignas sucesoras de
las “Morenas del Caribe”, y los niños querrían ser como Elpidio Valdés o
Meñique.

El fantasma de la penetración cultural ahora sí es una realidad. Los
íconos legitimados por el poder hoy provocan hastío e indiferencia,
mientras la gente abraza sedienta todo lo que viene de fuera, incluyendo
el modo de pensar. Pretender cubrir con la bandera el socavón ideológico
que sufre la revolución cubana es, a todas luces, un gesto desesperado.

Source: ¿Vender o no vender la bandera cubana? CubanetCubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/vender-o-no-vender-la-bandera-cubana/


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